Libertad y voluntad: Karkowski y la responsabilidad del sonido


A tres meses de la muerte del compositor Z. Karkowsk, Eduardo Díaz nos comparte un análisis de su obra.

Por Eduardo Díaz

“Chance favors those who are prepared.”

Z. Karkowski,

The Method is Science, The Aim Is Religion

Existe una aparente contradicción en la figura del ruidista polaco Zbigniew Karkowski, quien falleció en diciembre pasado de cáncer pancreático: un compositor en los territorios de la música experimental.

Si digo contradicción es porque el concepto mismo de composición fue uno de esos lastres incómodos que la vanguardia musical quiso desechar casi de inmediato desde sus inicios (Russolo la llamaba limitante evolutiva, Cage y sus colegas la miraban con repele, por mencionar sólo un par) puesto que en el núcleo de su premisa, la composición aparentemente anticipa lo planeado y omite de antemano la apertura; sin embargo, con una visión provocadora y lúcida, Karkowski se encargaría hasta sus últimos días de devolverle el diálogo no sólo a la obra y su método sino de volver a entablar relación entre naturaleza y sonido.

Su extensa obra, con más de treinta álbumes, es un radiante y riguroso esfuerzo por reivindicar la labor del artista frente a su sociedad y su entorno así como una mirada aguda en torno a la importancia del arte como ventana alternativa de la verdad.

Karkowski Vague:

Nacido en Cracovia en 1958, Karkowski estudió composición, sonología y ciencias computacionales en Suecia y Holanda donde convivió con otros experimentalistas relevantes como Iannis Xenakis, Pierre Boulez y Olivier Messiaen. Residió en Polonia, Japón y diversas ciudades de Europa a lo largo de su vida y colaboró incansablemente con artistas como Jim O’Rourke, Francisco López, Daniel Menche, Aube, entre muchos otros, de forma que trabajó en todo el espectro experimental.

Además de haber sido un lúcido pensador tanto de su trabajo como del de sus contemporáneos, es considerado uno de los padres fundadores del Noise. Su sonido es particularmente expansivo e impredecible, deslizándose desde grabaciones de campo o drones extendidos hasta manipulaciones abrasivas de ruido. El catálogo del compositor deja ver que su preocupación no estaba en una sola esfera del sonido ni mucho menos consternada por un momento histórico; al contrario, Karkowski se apropió y reflexionó de cuanto pudo tener en sus manos y su pensamiento abarcó la esfera artística en su totalidad. Quizá por esto es que Richard Whitelaw puntualmente anote que la música del polaco tiene la capacidad de extraer el alma del escucha: en Karkowski la violencia y la meditación, el desgarre y lo contemplativo son vibraciones paralelas, escalones que tarde o temprano terminan por espejearse.

Karkowski & Aube – Mutation:


Durante su carrera, Karkowski encontró en el ruido una fascinación y un potencial tanto catártico como revelador. La experimentación sonora sólo le interesaba en la manera en la que pudiera decir algo más allá del lenguaje. Y es que si hay algo particularmente especial en la cosmogonía karkowskiana es precisamente una cualidad metafísica: para el polaco, en el núcleo central del contacto entre realidad y sujeto se sitúa el sonido. Toda manifestación de formas físicas, dice el compositor, no es otra cosa que sonidos que han tomado formas visuales. El mundo es una especie de pretexto sonoro.

Karkowski & Tetsuo Furudate – World as will:

Y así, todo arte es una manifestación por sí misma que predispone un acto de conciencia. Si parte de la vanguardia musical se dedicó a pensar sobre la posible liberación del sonido (la improvisación es uno de los ejemplos más claros) Karkowski no niega la libertad pero sí la resitúa: la vanguardia y la innovación artística no implican la simple ruptura con una tradición determinada puesto que eso sólo supondría una música llanamente cultural, donde los sentidos no son intrínsecos sino exteriores; más bien, el trabajo del artista está en percatarse de que atrás de toda manifestación hay una voluntad creadora. Así, la música no sólo es un juego de decisiones instantáneas, casi atrabancadas, sino un mecanismo existencial que a su vez permite nuevas forma de aproximarse al mundo. Ahí es donde está la realización del artista: crear nuevos circuitos de aprehensión, inventar nuevas formas de mirar.

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