Louise Bourgeois: Petite Maman

Crónica de la exposición de la artista francesa Louise Bourgeois, que se presentó en el Palacio de Bellas Artes

Por Paola López Niño 

Para el ojo inexperto, Petite Maman es la introducción perfecta a la obra de Louise Bourgeois. Esta colección de 75 obras que se expone en el Museo del Palacio de Bellas Artes ofrece al público una lectura psicoanalítica de la relación que mantuvo la artista con su madre durante los últimos años de su vida.

Francesa nacionalizada estadounidense, Bourgeois ha sido reconocida como una de las artistas más innovadoras e influyentes del siglo XX. Algunos historiadores la consideran incluso la fundadora del confessional art, término que refiere al arte de mujeres que incluyen elementos autobiográficos en sus obras.

A los 84 años de edad, la artista pidió a Jerry Gorovoy –presidente del Louise Bourgeois Studio- le llevara a su estudio toda su ropa, sábanas y toallas. En toda esa tela, Bourgeois encontró el material para realizar éste que fue su último trabajo.

Uno se topa antes que nada con Maman, la araña gigante que reposa en la explanada del palacio y sirve como punto de partida para entender el resto de la exposición.

Esta monumental araña de 10 toneladas fue trasladada por tierra desde Nueva York y fue concebida por Bourgeois como una oda a su madre. Toda la exposición está basada en esta dualidad que la artista refleja en Maman: la relación con la madre en la que ésta funge como protectora pero también posee una característica monstruosa y depredadora.

Pinturas tempranas, dibujos en tela, instalaciones y esculturas son la manera en la que la artista explora el dolor, el miedo, la angustia y los traumas que la marcaron toda su vida. La serie Celdas, por ejemplo, encapsula entre fierros varios objetos que dan cuenta de su lucha durante determinadas etapas.

En Retratos y Autorretratos, Bourgeois creó figuras y representaciones que giran en torno a temas de memoria, identidad y sexualidad. Una de las obras imperdibles, Untitled (1996), consiste en 7 telas –una negra y seis blancas- colgadas de ganchos hechos de hueso que las mantienen flotando.

Sin duda una de las secciones que genera más impresión y reacciones diversas es la que incluye las más bizarras esculturas: Janus Florido (1968) y Fillette (1968-1999). Con una carga sexual impresionante, estas esculturas pretenden mostrar de nuevo una dualidad, esta vez entre lo femenino y lo masculino. Ante estas obras se pueden esperar muchas cosas: risitas ahogadas, suspiros, sorpresa, disgusto y niños pequeños haciendo preguntas incómodas. Al final, toda obra deja huella.

Las obras de Bourgeois suscitan muchas sensaciones y emociones en el público. En ocasiones, el mensaje que la artista quiere transmitir es muy claro, pero apropiárselo se convierte en un placer único.

Petite Maman cobra también una especial importancia en México. En nuestro país, la madre es el miembro más venerado de la familia; nuestra “madrecita santa” es sagrada. La cultura a la madre mexicana corresponde a la esfera protectora, a la araña tejedora que nos proporciona una guarida. ¿Qué sucede cuando nos damos cuenta de que la relación con la madre también sugiere una jaula, una prisión?

Bourgeois explora esta revelación de manera excepcional. Ella se aproxima de manera directa al inconsciente, a lo reprimido y a la frustración del abandono, pero en todo momento nos hace saber que todo en esta vida es balance.

Con información complementaria de: Museógrafo

Dejamos un video: http://www.youtube.com/watch?v=238xiyYpfU8

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