Reflexiones post adolescentes: Tegan and Sara en El Plaza Condesa

El dúo canadiense regresó a tierras aztecas después de su exitosa participación en la edición 2012 del Corona Capital, presentación que evidenció el anhelo ferviente de su legión de seguidores para un evento headliner. Como era de esperarse, la agrupación cumplió con su promesa el pasado 7 de abril y el fanbase mexicano no dejó abajo.

Por Karla Sanay

El augurio del recibimiento se manifestaba desde antes que abrieran las puertas con la extensa fila que rodeaba el recinto, la cual estaba conformada en parte por entusiastas que se dispusieron a –acampar– para esos sitios privilegiados en la pista. Su paciencia fue recompensada puntualmente y la audiencia (compuesta en su inmensa mayoría por féminas) reaccionó ante la toma del escenario de las hermanas Quin con una estridencia equivalente al del concierto de una boy band, la cual no se privó de cartulinas, lágrimas eufóricas y diversos regalos arrojados al escenario.

Los decibeles de las aclamaciones se mantuvieron prácticamente en el mismo margen a partir del arranque del set con algunos sencillos consentidos como “Back in Your Head” y “The Con”. Con el público calentado por los brincos detonadas por esta entrada, el acto musical prosiguió con una serie de piezas incluidas en su último disco Heartthrob. Con un llamado previo por parte de Tegan para todos los solteros presentes, algunos momentos destacados de este segmento fueron la vulnerabilidad catártica en “Now I’m All Messed Up” y la coreada melancolía en la balada “I Was A Fool”.

Posteriormente integraron un poco más de los álbumes Sainthood y The Con, cuyas infecciosas melodías fueron resaltadas en canciones como “Hop a Plane”, “Sentimental Tune”, “Alligator” y “Arrow”. Después de una intervención acústica con “Call It Off” (una de las canciones más cantadas de la noche), hubo un regreso a los sintetizadores predominantes en su última producción. Esta fase terminó con su triunfante sencillo “Closer”, el cual hizo que la pista tronara en una bailadera enérgica que remitía a su colorido video musical.

La noche concluyó con el solicitado encore, el cual estuvo conformado por una versión acústica de la crónica de enamoramiento adolescente “Nineteen” y la única canción de su repertorio de antaño, “Living Room”. Al exhibir el momento de partida con el despojo oficial del escenario, fueron pocos los que no salieron profundamente cautivados con el encanto canadiense de las gemelas idénticas.

A pesar de que algunos salimos frustrados porque básicamente ignoraron sus primeros años de trayectoria —sobre todo por la ausencia criminal (según una humilde servidora) de su disco So Jealous—, resulta imposible negar la potente fascinación que engendran las cantautoras hasta este día. Entre los numerosos atributos de sus fans se encuentra indudablemente su lealtad, virtud que les permite sobrepasar el estatus de culto para acoger su faceta en una major label. En otras palabras, su salto exitoso a la esfera mainstream no los desmotiva a seguir apoyando un acto que aparece en la película de Lego, participa en un tributo a Pink o colabora con Tiësto y David Guetta.

A pesar de que su música ha sido considerada desde hace muchos años como pop amigable y digerible, esta transición ha sido mayormente favorecida por el sonido pulido de Heartthrob (cuyo atractivo se concentra en sintetizadores ochenteros y coros en sus dimensiones más pegajosas).

Los detractores de Tegan and Sara suelen catalogarlas como excesivamente melodramáticas o agresivamente sacarinas, pero son consideradas como una inspiración astronómica para miles de fans alrededor del mundo (sobre todo por su poderoso legado queer como mujeres abiertamente lesbianas). Su posición como plataforma de empoderamiento les ha generado la dicotomía entre ser amadas u odiadas —o incluso abandonadas en el caso de los que las acusaron de venderse—,  duelo que reflejan en una de las joyas de Heartthorb: “I’m Not Your Hero”. Esta canción expresa líneas como “I’m not their hero, but that doesn’t mean that I wasn’t brave.”, “I’m not your hero, but that doesn’t mean we’re not one and the same.” y “Sometimes it feels like I’m all that they’ve got. It’s so hard to know I’m not what they want.”

Su evolución como referente folk-emo de principios de la década pasada (cimentado en letras viscerales que a veces caían en la autodenigración) a mujeres con la sabiduría cicatrizada de los treinta no ha sido un camino del todo sutil, pero nunca han perdido la honestidad brutal que tanto caracterizan sus cruzadas de amor y desamor. Ya sea a través de declaraciones impulsivas de adoración o apologías a la soledad, Tegan y Sara transmiten maravillosamente esos miedos e incertidumbres que llegan a presentarse en nuestras vidas (sobre todo durante el huracán que denominamos adolescencia).

Todos aprendemos eventualmente que el crecer cala muchísimo, pero afortunadamente muchos contamos con piezas artísticas que nos permiten acceder a esos sentimientos incómodos en sus dimensiones más íntimas y a veces, qué mejor, dentro de la esfera comunitaria que se congrega en un foro con música en vivo.

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