Editoriales independientes: un negocio de calidad y belleza

La V Feria del Libro Independiente, que se lleva a cabo en la ciudad de México, funciona como su nombre lo advierte: independientemente, sin representantes de las editoriales más grandes al frente de altos estantes.Por Paola López Niño y Alexander Hernández

Los más de 20 mil ejemplares de más de 80 editoriales presentes en la librería del Fondo de Cultura Económica Rosario Castellanos llaman inmediatamente la atención por sus diferentes diseños y tamaños, pero también sorprende el hecho de que no hay gente que los admire. En un transcurso de media hora pasan por la sala apenas seis personas, de las cuales sólo dos salen con un libro.

Una de esas personas, un hombre mayor, asegura que decidió asistir a la feria para constatar que las propuestas y las editoriales realmente fueran independientes: “Me encuentro con que no todas estas editoriales lo son realmente. Por ejemplo, quiero que alguien me explique por qué está aquí Ediciones Era”.

“Lo marginal al centro” es el lema de la feria, organizada por la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes (AEMI) y el Fondo de Cultura Económica. Editoriales como Sexto Piso, Almadía, Los Bastardos de la Uva, Cal y Arena, Ediciones Acapulco, Ediciones Nitro/Press y Mangos de Hacha se reúnen para ofrecer al público libros de alta calidad al margen de la industria de las trasnacionales. Con poca concurrencia durante el día, el fuerte de la feria tiene que ser el programa de actividades planeadas generalmente en horario vespertino.

Diferenciándose de ediciones pasadas y de otras ferias, este año no habrá presentaciones de libros, sino que los 140 invitados –escritores, editores, críticos, músicos- hablarán sobre temas de interés general, mantendrán conversaciones, mesas de debate y establecerán diálogos en cuanto a sus propuestas culturales y literarias. En la lista de invitados figuran escritores como Francisco Hinojosa, Armando Vega Gil, Paco Ignacio Taibo II, Sabina Berman, Alejandro Almazán, Mario Bellatin, Bernardo Fernández “Bef”, entre otros.

No hay razón para no esperar buenos resultados. Según una nota del diario Excelsior, en la inauguración, Deborah Holtz, presidenta de la AEMI, auguró una excelente quinta edición al presentar los datos duros sobre el crecimiento de la feria. Mientras que la primera vez asistieron 50 sellos que vendieron 198 mil 507 pesos, un crecimiento constante permitió que a la cuarta edición se presentaran 63 casas editoriales, con una venta total de 700 mil pesos.

En esta edición, sólo una casa editorial es extranjera: LOM Ediciones es la editorial chilena invitada, que dirige Paulo Slachevsky, quien habló acerca de los problemas que enfrentan los fondos independientes en Chile. Pero, ¿a qué se enfrentan las editoriales independientes en México?, ¿qué ofrecen al público que no pueden ofrecer las “grandes editoriales”?

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TiempoBullet entrevistó a Diego Rabasa, director de Sexto Piso, quien aseguró que no se trata de lo que una editorial tiene para ofrecer, sino que todo inicia con la visión que debe tener un editor independiente.

—Esta visión de dar lo que no hay, de hacer lo que no se ha hecho, de ir más allá; tener el arranque y el espíritu de siempre hacer cosas nuevas y de experimentar. Pensar así es esencial, porque el editor independiente no puede tener mucha ambición económica, el éxito está en lo que se logra a pesar de las limitaciones y siempre siéndole fiel a tu propuesta y a tus ideas.

Guillermo Quijas, director de Almadía, nos platicó un poco acerca de lo que ésta ofrece y agregó que el libro para ellos es una pasión.

—Nos interesa pensar en cada elemento que compone la cadena del libro, de una forma cercana, personalizada y global. Tenemos una política de autor que nos permite dar cabida no a libros aislados, sino darle continuidad a su obra dentro del catálogo. Y, en primer lugar, están siempre nuestros lectores: nuestro compromiso con ellos es ofrecer propuestas de calidad, novedosas, que resulten atractivas y de gran valor literario. No vemos al libro como un mercado que hay que dominar, sino como una pasión que es nuestra, y que a la vez compartimos con todos ellos, y que nos toca cuidar y promover.

Esta pasión y esta “visión” del editor también suponen un riesgo enorme. Publicar poesía, por ejemplo, es un riesgo que muchas editoriales independientes corren y que las compañías trasnacionales tratan de evitar. Sexto Piso apenas comenzará a publicar poesía, y Diego Rabasa nos platicó la razón:

—Vamos a empezar precisamente porque nos dimos cuenta de que no se publicaba lo que nos gusta, lo que a mucha gente le gusta, porque el propósito de las grandes editoriales es vender. La poesía no se vende mucho en este país y las editoriales por lo mismo no le ponen atención y no se fijan mucho en esos aspectos.

 Almadía, además de publicar ensayos, libros de viajes, novela negra o crónicas, también se ha dedicado a la difusión de la poesía, buscando propuestas frescas pero siempre siguiendo el criterio central de la editorial, que es la calidad literaria.

Aunque gran parte del éxito de algunas editoriales independientes se debe a la publicación de autores jóvenes, para Diego Rabasa éste no es un requisito y no se considera un criterio para publicar en Sexto Piso.

—No buscamos necesariamente que sean jóvenes, sino que sean buenos, así de simple. Aun así, aceptamos que muchas veces eso significa que son autores jóvenes porque ellos son los que están reinventando el lenguaje, los que están interactuando en redes, los que experimentan la realidad a través de nuevas tecnologías, los que juegan más con nuevos formatos, etc.

Por otro lado, Quijas opina que la decisión de publicar autores jóvenes siempre viene acompañada de un riesgo, pero que son ellos los que mantienen a la literatura viva.

—Se publican para formar parte de una literatura en constante transformación. Si nos limitáramos a publicar sólo a autores reconocidos, de trayectoria, ¿dónde quedaría la aportación de la editorial al diálogo con las nuevas formas, los nuevos acercamientos, las exploraciones? Los autores jóvenes tienen una visión distinta de la lectura y la escritura, ellos buscan comunicar esas ideas suyas y los temas que traen en la cabeza, y a las editoriales les corresponde arriesgarse junto con ellos, apostar por ellos. Se trata de apoyar el talento en que confías, el que vale la pena, el que se distingue por la calidad y la novedad.

 Y aunque también es a los jóvenes a quienes les llama cada vez más la atención el formato electrónico, las editoriales independientes siguen dándole prioridad al papel. En la feria, el diseño de los libros es lo más llamativo, es lo que atrae y obliga a hojear, a observar las ilustraciones, los tamaños, en fin, a descubrir cosas nuevas.

—El libro como objeto, en su forma física, es estético, adquiere un valor más importante, es más personal. Yo apoyo totalmente la impresión; creo que sin el editor se pierde un proceso muy importante. Las librerías también son importantes, son una especie de segundo editor porque, de alguna manera, en formato digital está todo “allá arriba” y todo en un mismo nivel. –comentó Rabasa.

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Con el auge de los libros de corte digital, es normal que en años recientes hayan surgido distintos sellos editoriales que apuesten por una revalorización  del soporte físico para diferenciarse comercialmente al dar un nuevo aspecto a sus publicaciones.

Alejandro Magallanes, diseñador de Almadía, habló con TiempoBullet sobre cómo se diseñan las portadas de la editorial. Comentó que  son a veces “un contrapunto con el título”, pues cada libro le indica cómo debe ser la portada.

 – Las portadas tienen una función de impacto, de respeto por el libro y por el autor. Además, éstas tienen que antojársele al lector y diferenciarse del resto de manera inteligente. Tiene que ver con la comunicación, con el diálogo del lector con el libro pero desde la imagen (siempre teniendo en cuenta que sería un error representar todo el libro en una imagen). Todo depende, por ejemplo, si pensamos que  el color es un grito, la ausencia de color sería el silencio.

Sobre su proceso creativo señaló que luego de leer el texto “siempre tienes que divertirte: es juego el proceso, tienes que imaginar qué libro te interesaría si pasaras por una librería, cómo te gustaría verlo. Tomarse uno como referencia y tratar de  gustar o desagradar”.

Como ejemplo está la colección de poesía de Almadía, cuyas portadas están hechas con suaje, que forma una doble portada , lo que le da un aspecto interactivo para el público. Magallanes comentó que las concibió como un regalo al lector: “tiene un acabado del papel que presentimos como casi artesanal, me parece justo darle ese valor a los libros”.

Por su parte, Guillermo Quijas consideró que aunque el papel sí ofrece la posibilidad de jugar con el diseño y de formar una colección, el formato electrónico no debería estar peleado con el impreso.

—No pensamos que la movilización del libro en formatos electrónicos esté necesariamente peleada con la de los libros en su formato impreso. Son dos versiones de una misma actividad: la lectura. Cada vez advertimos más de que los soportes ofrecen distintas particularidades: es más sencillo viajar con libros electrónicos, pero el papel ofrece la posibilidad de volver al libro un objeto de colección, valioso por su diseño, por el placer que da verlo, tocarlo, coleccionarlo.

Almadía no es la única que reconoce la importancia del diseño y la imagen en el proceso editorial. David Olguín, editor del sello El milagro, señala que la sociedad contemporánea obliga al editor a tomarla totalmente en cuenta a la hora de la edición de un libro: “Hay que marcar la diferencia con lo que se hace”, por lo tanto “hay un énfasis muy alto en la hechura del libro, en el papel, las texturas, los colores intensos en las portadas y el diseño de la caja que contiene el ejemplar”.

A su vez, Fabricio Vanden Broeck,  que trabajó como coordinador de ilustración en la revista Letras Libres durante 14 años, en su exposición sobre la retórica e imagen llevada a cabo como parte del programa de la feria, señaló que “hoy día la imagen es omnipresente, domina más que la letra,  es el lenguaje de oportunidad. La percepción visual no tiene barreras; todo se nos va al inconsciente”.

Otro ejemplo de editorial que propone ver al libro como un objeto en sí mismo se remonta a la  Argentina en 2003 con la editorial Eloísa Cartonera, que optó por un trabajo artesanal en cartón, mismo que poco a poco sería retomado por toda latinoamérica hasta materializarse en nuestro país con el sello La Cartonera, fundado en 2008, sello que también se encuentra presente en esta feria.

Envueltas en una bolsa cristalina las tapas coloridas de los ensayos y novelas que editan están guarnecidos por  cartón recolectado. Cualquier trozo abandonado en la calle es un potencial forro para las publicaciones. Ciertamente implica un asunto de reciclaje, pero también se tiene el cuidado de que se trate de un cartón limpio de buena calidad.

Cada portada es un esfuerzo artesanal único, lo que les da un valor agregado para el lector. Se usan cartones agujerados, con imágenes  o raspaduras para jugar con tales elementos a la hora del diseño. En ocasiones, se pueden encontrar en las tapas avisos de precaución –como CUIDADO o FRAGIL que  en su vida pasada advertían al transportista del debido manejo de la caja– pero re-significados a partir de las acuarelas que las adornan. Para Salvando el Edén de Lawry, de John Spencer, por ejemplo: un fondo negro sobre el que un halo blanco a manera de melena enmarca a un señor bigotón con boina.

Sin embargo, en la mayoría de las portadas predomina el color y puede encontrarse desde un puerco amarillo asomando el hocico arriba de un logo que dice Barilla; un campesino de bigotes deprimidos, colocado de perfil al campo y al cielo;  hasta un chillante fondo rosa mexicano donde descansa  un rostro de acuarela negra con lentes. Imagine eso siendo las tapas de Discursos, de Salvador Allende, Emiliano sigue cabalgando, de Victor Hugo Sánchez Reséndiz  o Underwood portatil. Modelo 1915, de Mario Bellatin, sólo por mencionar algunos de los ejemplares que forman parte de la colección de la editorial.

Las posibilidades del artesano no tiene límites, siempre y cuando encuentre el cartón ideal para realizar su obra. Incluso los editores se disputan los cartones con los tradicionales recolectores de basura.

Todo esto lleva a señalar que si bien la frase no juzgue un libro por su portada  invita a darle pleno peso al contenido que se empasta, ciertas propuestas editoriales emergentes invitan a no juzgar al libro sin su portada.

La V Feria del Libro Independiente tiene como lema “Lo marginal al centro”, y es organizada por la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes junto con el Fondo de Cultura Económica.

Se lleva a cabo en las instalaciones de la librería del FCE Rosario Castellanos, ubicada en Tamaulipas 202 colonia Hipódromo Condesa delegación Cuauhtémoc.

Se ofrecen más de 3 mil 250 títulos, además de actividades, cuatro mesas temáticas e invitados.

Fotos de Paola López Niño

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