Gran Hotel Budapest

Whatever sort of world I make in a movie, I want it to come to life. I want the world to be an invention that fix together just so.

Wes Anderson

Por Federica Porcu

El proceso filmográfico de Wes Anderson se dirige hacia una construcción siempre más clara de un estilo personal. En Grand Budapest Hotel ya hay una innegable huella del director que se estaba forjando ya desde los inicios de su carrera, por ejemplo desde The Royal Tenenbaums (2001) y Moonrise Kingdom (2012). Con la película de este año, Wes Anderson parece recordarnos el porqué del encanto de sus películas, y es (antes de todo) nuestro amor y adicción incansable a las buenas narraciones. El director siempre tiene buenas historias que contar: las historias fascinantes de sus personajes: Nos fascina también la manera en que éstas se cuentan: con humor y rapidez, con mucho genio en la construcción de escenas y diálogos: Vamos entonces a adentrarnos un poco más en el Grand Budapest Hotel. La película trata, resumidamente, de las aventuras de Zero, un “lobby boy” en el Hotel Grand Budapest, y Gustave H., el conserje del mismo hotel. Este último tiene la costumbre de tener amoríos con ancianas adineradas que visitan su establecimiento. Una de ellas es Madame D., que se despide de Gustave y deja el hotel con un presentimiento de no volver a verlo nunca. Efectivamente, pocos días después a Gustave le llega la noticia de la muerte de la anciana. El conserje decide entonces ir al funeral de la anciana, llevando consigo a Zero, con quien empieza a entablar una relación muy particular y afectuosa. Durante la lectura del testamento de Madame D., Gustave es quien obtiene en herencia una pintura muy valiosa (“Boy with apple”). Desafortunadamente, el conserje se gana el odio de toda la familia de la anciana y sobre todo del hijo de ésta, Dmitri. Cuando Gustave se lleva la pintura y regresa a su hotel, Dmitri con la ayuda de J.G. Jopling (un asesino) y el inspector Henckels, empieza a perseguirlo: Gustave H. termina en la cárcel, acusado injustamente por matar a la misma Madame D., pero ni siquiera esto da fin a las aventuras, pues Zero organiza un plan de rescate en el que lo ayudarán su amada Agatha, una pastelera, y otros personajes.

Ahí está, en resumen, el enredo. Pero centrémonos ahora en lo que llamaría el ‘marco’ de la película, pues es un detalle muy interesante: todo empieza cuando una chica se dispone a leer un libro (Grand Budapest Hotel) en un cementerio, ante el monumento del autor, y la película acaba con la misma chica cerrando el libro en ese mismo lugar. Por lo tanto, lo que se relata entre estos dos momentos es la historia que la chica está leyendo. Además, el autor del libro cuenta la historia de Zero, a quien tuvo la oportunidad de conocer justamente en el hotel del que toma nombre la película; Zero, a su vez, cuenta la historia de su pasado, que es la que antes resumí. Por lo tanto, la trama de la película se construye por un continuo arte de narrar historias. Lo interesante es que todo lo que vemos entre la escena inicial y la escena final bien podría ser la reconstrucción mental que la chica hace de la historia que lee: un leer e imaginar al mismo tiempo que se traslada en lenguaje cinematográfico.

Este proceso es llevado por Anderson de una manera muy especial, pues el resultado de su película es la creación de un mundo maravilloso, perfectamente bien hecho y con una diégesis tan poderosa que todo funciona en su interior, todo es verosímil dentro de ella.
Antes de todo, la ubicación espacial de la historia es ficticia; es la república de Zubrowka, en tiempos de guerra. Junto al lugar, todo es ficticio (incluido, obviamente, el Hotel Grand Budapest) y, consecuentemente, el director hizo que todo lo que aparece también tenga un carácter ficticio pero y que esté, al mismo tiempo, perfectamente bien hecho. Por ejemplo, en la película se habla de Klübecks como la moneda del lugar, y estas monedas son ficticias y, no obstante, tienen su diseño y su realización en papel:

Lo mismo pasa con los periódicos y los documentos de todo tipo. Aparece en la película toda esta serie de objetos manufacturados que le dan un toque insustituible a las escenas: todos estos objetos viven únicamente dentro del universo diegético propuesto por esta película, y esto es muy interesante. Todo detalle cobra su significado y su encanto, desde las piezas de los postres de MENDL’S hechos por Agatha hasta su marca de nacimiento con forma de México:

Parece que Wes Anderson nos está hablando aquí de una estética muy personal. Hay un culto a lo pequeño, como las maquetas, los pequeños detalles y objetos, la rápida sucesión de cortas escenas, incluso Zero de niño. Hay un trabajo con lo pequeño pero como resultado hay grandes escenas, una hermosa fotografía, un gran y profundo mundo construido por Wes Anderson y, finalmente, una gran película.

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