La voz del Zócalo

Las campanas de la Catedral Metropolitana son la voz del Zócalo y la historia del pueblo mexicano.

Por: Estefania Contreras/ Edición: Tamara Moreno

Zócalo, Ciudad de México- Es domingo y la gente ocupa completamente la avenida 16 de septiembre en el centro de la ciudad. En la banqueta fluyen, en ambos sentidos, los pasos de mexicanos y extranjeros que entran y salen de la catedral más grande de América: la Catedral Metropolitana de México.

La catedral yace sobre lo que una vez fue un recinto sagrado para los aztecas; se ve firme, elegante y empapada de historia. Las torres en cada extremo de la misma albergan las 30 campanas que resuenan cada día en el corazón de la ciudad. Sin embargo, en lo más alto de la torre poniente, descansan los campaneros entre toques. Dentro de una covacha acogedora, se reúnen a comer y platicar ante una imagen de la Virgen de Guadalupe.

Víctor Ojeda, uno de los campaneros, tenía ocho años la primera vez que vino a tocar una campana; 12 años después, dice seguir aquí por amor al oficio. “Es importante venir a tocar las campanas más grandes de México, las que han visto todo desde acá arriba, eso es lo que nos da orgullo y satisfacción.” Las campanas de la catedral han vigilado la ciudad por más de 300 años y han marcado momentos importantes en la historia de México desde el periodo colonial. En 1692 convocaron al pueblo a rescatar los comercios instalados en el Zócalo, que fueron incendiados y saqueados junto con el Palacio Nacional, en lo que fue la primera rebelión social desde el sometimiento del país por la corona española. En 1822 atestiguaron la entrada del Ejército Trigarante y un año después repicaron encima de Agustín de Iturbide mientras era coronado.

Además de Víctor, hay cuatro campaneros más: Natividad Membrillo, madre de Víctor; Toño Romero, quien lleva cuatro años haciéndolas repicar; Eduardo Holanda, un estudiante de 19 años, y Jonathan Mendoza, el campanero con mayor experiencia.

De izquierda a derecha: Jonathan, Toño, Natividad, Víctor y Eduardo

De izquierda a derecha: Jonathan, Toño, Natividad, Víctor y Eduardo

Jonathan lleva 20 años siendo campanero voluntario en la catedral. Ha visto al centro de la ciudad transformarse desde arriba y ha tocado con generaciones de campaneros que vivieron hasta sus últimos días fieles a las campanas. “Todavía viene una señora de 90 años, ella es de un grupo mucho más viejo que el mío, de una generación de campaneros que ya no suben porque están muy grandes. Ellos han envejecido junto con la catedral, junto con el Zócalo”, señaló.

Los campaneros son tan importantes como las campanas. A lo largo de los años, han tenido iniciativa de levantarse y tocarlas para hablarle al pueblo, para inspirarlo, advertirlo o reunirlo. Cuando se dice “sonaron las campanas” pocas veces se piensa en quien las hizo sonar. La mayoría de las veces los campaneros no se mencionan, pero su papel es esencial en la historia y cultura de nuestro país.

El 14 de septiembre de 1847, los campaneros de la Catedral Metropolitana convocaron a la defensa de la Ciudad de México ante la invasión estadounidense. El 15 de septiembre de 2010 marcaron el inicio de las festividades del bicentenario de nuestra independencia. Mendoza cree que “cuando un campanero toca, las campanas se vuelven el alma del pueblo, sobre todo las de esta catedral.”

Repicando la campana

Repicando la campana

La religión del pueblo mexicano se ha concentrado en esta catedral por más de 400 años y las campanas han formado parte de la historia católica de los mexicanos. Las campanas tocaron a vuelo en el 79 cuando el Papa Juan Pablo II vino por primera vez a México, y en su última visita con motivo de la canonización de Juan Diego.
Toño vio desde los campanarios a Juan Pablo II y respiró la fe de la gente. “Es impresionante, estamos viendo el fervor de la gente, su fe… lo vemos desde otra perspectiva. Esa vez que tocamos las campanas sentimos una vibración muy fuerte”, comentó.

En México, el sonido de las campanas de un iglesia simboliza mucho más que el llamado religioso; despierta a la lucha y se ha convertido en la encarnación de la independencia de nuestro país. Por siglos, la Catedral Metropolitana ha visto comerciantes llegar y desistir, ha visto agresiones, marchas, ha escuchado plegarias de paz y gritos festivos.

La catedral carga, desde sus cimientos hasta su pico más alto, la historia prehispánica, colonial y actual de México. Desde el campanario, ha resonado con cada toque la voz de la unión de dos culturas, de la fe católica e incluso de la queja política de los mexicanos. Sin duda, sus campanas y quienes las tocan, son la voz del Zócalo, son la historia de México.


Video tomado de YouTube

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