La Ibero y el espíritu del 2 de octubre

Coloquio en memoria del 2 de octubre de 1968 en la Universidad Iberoamericana con el rector, algunos académicos y alumnos.

Por: Regina Santiago Núñez

La sangre de los normalistas de Ayotzinapa; los excesos del ejército en Tlatlaya; las demandas de los estudiantes del Politécnico de un plan de estudios acorde con sus necesidades y las necesidades del país; el templete del secretario de Gobernación; los límites impuestos y autoimpuestos a la libertad de expresión. El recuerdo de aquellos estudiantes de la Ibero que en 1968 se atrevieron a participar en el movimiento y a desafiar al autoritarismo de la época; la evocación de los estudiantes de la Ibero que en 2012 sacaron de su zona de confort al candidato del PRI. Muchas preguntas sobre el presente, el pasado y el futuro de la universidad y del país. Pensar el 2 de octubre no sólo como un acontecimiento histórico, sino como un acontecimiento que se vincula e ilumina el pensamiento respecto a nuestra realidad actual. Así fue la conversación en la Universidad Iberoamericana en la que participó el rector, David Fernández con algunos académicos y estudiantes.

El movimiento estudiantil de 1968 –dijo el rector- luchaba contra el autoritarismo de la época. Su demanda de apertura democrática quizás pudiera parecer demasiado simple para los estándares de hoy, pero hay que historizarla para comprender la profundidad del desafío. Es el mismo esfuerzo que requiere comprender el verdadero significado de la frase “Sed realistas. Pedid lo imposible”.

David Fernández agregó: El movimiento del 68 fue un acontecimiento rupturista, una sorpresa, una irrupción de la posibilidad de lo imposible; como también fue una sorpresa el movimiento 132.

Y surgió la pregunta sobre cómo lograr una educación verdaderamente emancipadora. Y el rector de la Ibero dijo que es necesario historizar desde la praxis, desmontar el discurso del poder… de los poderes, evidenciando lo que está presente y lo que está ausente en su estructura. Preguntó por qué cuando se habla de una crisis de la mayoría de las instituciones, no se habla tanto de una crisis de la universidad. Quizás –dijo- porque la universidad se ha acomodado demasiado a las necesidades de una sociedad de consumo, a las necesidades del capital. Hay que buscar un modelo distinto de universidad, más cercano a lo que la sociedad demanda, pero que tenga presentes sus propios límites. Quizás ya no hay que buscar el gran cambio, como se hizo en el pasado, sino insistir en el trabajo cotidiano que logra esa gran transformación mediante una conjunción de esfuerzos.

Un estudiante dijo que él en lo personal se identificaba con esos planteamientos pero dudaba que muchos de sus compañeros compartieran los puntos de vista que privilegian el humanismo y los valores. El rector respondió que él también dudaba que muchos de sus compañeros compartieran los puntos de vista. Dijo que ciertas actitudes de compromiso social se adquieren antes; la universidad las potencia. Explicó que al reconocer esa realidad la Ibero decidió fundar la prepa, pero eso no nos exime del esfuerzo de intentar que esos valores se adquieran también en la universidad.

El alumno Marco Antonio Hernández le preguntó cómo vivió el 68.  El rector recordó que él tenía 11 años y estaba en la primaria. En aquel entonces no había el aura heroica del movimiento estudiantil que ahora tenemos. Los sectores oficialistas llamaban a poner orden y corrían muchos rumores sobre intentos de desestabilización. La prensa buscó minimizar u ocultar lo que sucedía. Evocó algunas frases de Rosario Castellanos en su poema Memorial de Tlaltelolco:

La oscuridad engendra la violencia

y la violencia pide oscuridad

para cuajar el crimen.

Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche

Para que nadie viera la mano que empuñaba

El arma, sino sólo su efecto de relámpago.

La pregunta dio pie para que la doctora Julia Palacios recordara que la Ibero fue de las pocas universidades privadas que participaron activamente en el movimiento. Eran los tiempos del rector Ernesto Meneses, quien tuvo que enfrentar fuertes reclamos por esa posición de la comunidad universitaria.

Termina el coloquio. Suenan los aplausos. Afuera nos esperan unas copas de vino y bocadillos. Continuará por unos momentos la charla. Poco a poco el salón va quedando vacío. ¿Qué sigue? ¿Qué nos toca? ¿Qué me toca? En mi mente resuenan las palabras del cierre: Hay que pensar el 2 de octubre, pero no únicamente el de 1968, sino el 2 de octubre de 2014. Tratar de comprender y transformar la realidad que nos está tocando vivir, con su sangre en Iguala, con sus excesos de militares en Tlatlaya, con las demandas de los estudiantes por una educación que les sirva a ellos y a la sociedad, no sólo en el Politécnico, sino en la Ibero y en todas las universidades del país. Así sea.

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