La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska

“La noche de Tlatelolco” es un libro que cuenta, a través de testimonios orales de los estudiantes que sobrevivieron, el origen del movimiento y su cruda culminación el 2 de octubre 1968.

Por Betty Justo

Hoy se cumplen 46 años del fatídico 2 de octubre de 1968. Para conmemorar la fecha, la Universidad Iberoamericana organizó el coloquio Memoria del 2 de octubre: reflexiones filosóficas y culturales, que se llevará a cabo en el Auditorio José Sánchez Villaseñor el día de hoy de 9:00 a 20:00 horas.

En este coloquio participa la autora de La noche de Tlatelolco Elena Poniatowska, que es referencia obligada de los trágicos sucesos, en una conferencia magistral. Para conocer un poco más sobre Poniatowska, incluimos aquí un archivo de audio donde la autora habla del proceso creativo del libro, así como un fragmento del mismo.

En el libro La noche de Tlatelolco hay testimonios de meses antes de los acontecimientos; y  otros que fueron recopilados dos años después de la matanza. Además de los testimonios de los estudiantes se puede leer también la perspectiva de los padres de familia, de obreros,  de gente en contra de la marcha, de ferrocarrileros, de presos políticos, etc.

Hoy 2 de octubre es necesario volver a este texto.

Son muchos. Vienen a pie, vienen riendo. Bajaron por Melchor Ocampo, la Reforma, Juárez, Cinco de Mayo, muchachos y muchachas estudiantes que van del brazo en la manifestación con la misma alegría con que hace apenas unos días iban a la feria; jóvenes despreocupados que no saben que mañana, dentro de dos días, dentro de cuatro estarán allí hinchándose bajo la lluvia, después de una feria en donde el centro del tiro al blanco lo serán ellos, niños-blanco, niños que todo lo maravillan, niños para quienes todos los días son día-de-fiesta, hasta que el dueño de la barraca del tiro al blanco les dijo que se formaran así el uno junto al otro como la tira de pollitos plateados que avanza en los juegos, click, click, click, click y pasa a la altura de los ojos, ¡Apunten, fuego!, y se doblan para atrás rozando la cortina de satín rojo. El dueño de la barraca les dio los fusiles a los CUICOS, a los del ejercito, y les ordeno que dispararan, que dieran en el blanco y allí estaban los monitos plateados con el azoro en los ojos, boquiabiertos ante el cañón de los fusiles. ¡Fuego! El relámpago verde de una luz de bengala. ¡Fuego! Cayeron pero ya no se levantaban de golpe impulsados por un resorte para que los volvieran a tirar al turno siguiente; la mecánica de la feria era otra; los resortes no eran de alambre sino de sangre; una sangre lenta y espesa que se encharcaba, sangre joven pisoteada en este reventar de vidas por toda la Plaza de las Tres Culturas. aquí vienen los muchachos, vienen hacia mí, son muchos, ninguno lleva las manos en alto, ninguno trae los pantalones caídos entre los pies mientras los desnudan para cachearlos, no hay puñetazos sorpresivos ni macanazos, ni vejaciones, ni vómitos por las torturas, ni zapatos amontonados, respiran hondo, caminan seguros, pisando fuerte, obstinados; vienen cercando la Plaza de las Tres Culturas y se detienen junto al borde donde la Plaza cae a pico dos o tres metros para que se vean las ruinas pe-hispánicas; reanudan la marcha, son muchos, vienen hacia mi con sus manos que levantan la pancarta, manos a niñadas por- que la muerte aniña las manos; todos vienen en filas apretadas… (Elena Poniatowska. “Ganar la calle”. La noche de tlatelolco, p. 13)

Audio: Telesur

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