“No estábamos interesados en involucrarnos”

Alfonso Parás es egresado de la Universidad Autónoma de México, licenciado en Ingeniería Química de la generación 1967- 1971, y ésta es su versión de lo sucedido con el movimiento estudiantil de 1968.

Por: Isabel Parás / Editora: Andrea Martínez de la Vega

Alfonso nunca participó en la manifestaciones, pues las causas eran contrarias a sus ideologías. Consideraba que era un movimiento con tendencia izquierdista, y manejaban temas de régimen marxista. “Incluso habían grupos que defendían ideologías stalinistas, trotskistas…”. Los alumnos se sentían identificados con las políticas de la Unión Soviética, Cuba, China, países que en esa época eran gobernados por dictadores comunistas.

En la facultad de Ingeniería había varios dirigentes, hijos de papás exiliados a causa de la Guerra Civil Española. Como ejemplo mencionó a Francisco Barnés de Castro, quien en su momento fue alumno y también rector de la UNAM. “Varios de los dirigentes querían revivir los ideales comunistas de la Guerra Civil Española en México”, claro que las condiciones que hicieron surgir la guerra civil en España son muy distintas a las de México. Algunos alumnos que habían estudiado en Cuba tenían ideas marxistas.

En la universidad se ponían letreros e informaban sobre la organización de asambleas en el auditorio de Medicina o Filosofía. Aquellos alumnos denominados como “los borregos útiles” encontraban la excusa para perder clases y asistían a las asambleas sin conocer en realidad los intereses del movimiento.

El ambiente en la universidad era diferente, había menos control por parte de las autoridades y los estudiantes tenían más libertad para tomar decisiones.  En las marchas conformadas por estudiantes, especialmente de las carreras de humanidades, y personas externas gritaban las consignas con la intención de ser escuchados.

Las  facultades de Humanidades, Derecho, Filosofía, Letras, entre otros, “muchos de ellos ya considerados fósiles” eran los más involucrados. Los menos interesados eran los estudiantes de la facultad de Ciencias.

“Estaba en el laboratorio haciendo una práctica con unos amigos y de repente llegaron unos tipos a decirnos que ya estábamos en huelga y que saliéramos de ahí. Nosotros le dijimos que no, pero finalmente no nos quedó de otra que hacerle caso”. Ingeniería fue la última facultad que entró en huelga y la mayoría de los alumnos de Química no estábamos interesados en involucrarse. “Mi carrera era muy absorbente, entonces no tenía mucho tiempo para eso”.

Se suspendieron las clases y Alfonso aprovechó ese tiempo para trabajar. Un profesor le ofreció la oportunidad de colaborar con él y aceptó. “Ganaba 7.50 pesos la hora, aprendiendo y medio trabajando. Con esa lana compraba algo de despensa para la casa y ropa”. Cuando las clases iniciaron nuevamente, siguió trabajando por un tiempo, pero después decidió darle más prioridad a los estudios.

“Un amigo cercano fue arrestado en una manifestación”, agrega. “Sus familiares tardaron mucho tiempo en encontrarlo, porque se identificó con un nombre falso. Sus papás ya lo habían dado por desaparecido”. No se conocen las razones por las que el amigo logró salir de la cárcel, pero cuenta que lo trataron como a un criminal y vivió en unas condiciones deplorables.

Cuando se le preguntó por los cambios derivados a partir de éste acontecimiento en el país,  el entrevistado se tomó unos minutos y finalmente respondió: “Uno podría decir que muchas cosas se deliberaron pero no puedo decir eso, porque después de tres años también se inició otro movimiento estudiantil y hubieron más muertes”. Agregó que “en cuestión de represión no creo que haya cambiado nada, porque el gobierno de Echeverría era más dictatorial que Díaz Ordaz. Era el manejo del poder por el poder”.

Conocemos la versión oficial de lo que fue La Masacre de Tlatelolco en 1968, versión que para el entrevistado se ha convertido en un mito. “Cuando leo y oigo algunas cosas sobre el tema, me pregunto de dónde sacaron eso. Hay gente que ni lo vivió y relata la historia como si en realidad hubiera estado ahí”. Él cree que conforme ha pasado el tiempo se le han agregado nuevos elementos a la versión que todos conocemos. “Algo que se inventó mucho después fue que era un movimiento por la democracia. Nunca había escuchado esa palabra, la democracia en México, en ese tiempo, era una cosa que habían inventado los griegos y que habían perfeccionado los ingleses y americanos, sólo eso”.

Alfonso Parás, no participó en las manifestaciones, pero afirma que fue un movimiento de izquierda con intenciones de armar una revolución. “En mi facultad, yo escuché cómo unos estudiantes querían hablar con los obreros, campesinos, sindicatos para que se unieran, entonces, ¿Qué tenía que ver eso con las universidades?”.

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