Jugando con el bisturí

La cirugía plástica en menores de edad se ha popularizado en México y el mundo. Aunque es benéfica en algunos casos, es importante tomar precauciones ante el proceso.

Por: Lucía Romo / Editor: Enrique Urbina

Un regalo para toda la vida

Las fiestas de quinceañeras han formado parte de las tradiciones mexicanas desde hace muchos años. En ellas se festeja la transformación de las niñas en mujeres y su entrada a la vida adulta.

Hoy en día, el festejo ha dado un giro radical. Muchas jovencitas deciden obviar la fiesta y, en cambio, piden a sus padres un regalo único que las acompañará el resto de sus vidas, la cirugía estética.

Es cada vez más común que llegada esta edad, según la ASPS (American Society of Plastic Surgeons), las jovencitas quieran realizar algún tipo de modificación a sus cuerpos y rostros.

Ellas aprovechan la oportunidad de su cumpleaños para pedir como regalo una nueva nariz, implantes de busto, implante de mentón y en algunos casos hasta una liposucción. Y es que México es uno de los países que hace más cirugías estéticas en el mundo. En la siguiente infografía, con información del ISAPS (International Society of Aesthetic Plastic Surgey), se pueden observar más datos al respecto.

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El cuerpo de sus sueños

María*, estudiante de Diseño Textil en la Ibero, cumplía quince años el 7 de febrero del 2008 y para esta fecha ya estaría estrenando su nueva nariz. Después de meses de convencimiento, su papá accedió pagar la cirugía que se realizó en enero de ese mismo año. Era algo que le había molestado desde los 11 años. “Era aguileña y grande y la verdad sentía que no iba con el resto de mi cara. Siempre que veía las fotos me fijaba en mi nariz y era lo que más resaltaba”.

María recuerda como si fuera ayer el momento de entrar al quirófano. Estaba nerviosa y le sudaban las manos. Ante sus padres fingía que sólo se sentía emocionada pero en realidad si había miedo. Sabía que su rostro iba a cambiar por siempre. Ya no habría vuelta atrás, y si el resultado no era bueno, sufriría las consecuencias el resto de su vida. Un mes más tarde, María festejó su cumpleaños estrenando su nueva nariz con la cual quedó encantada.

“Definitivamente fue un cambio para bien. Era justo lo que quería”,

  María, años después.

Su madre, quien también había pasado por el bisturí años atrás para modificar su nariz, fue la que más apoyó su decisión. Ella no es la única; las madres de estas jovencitas son muchas veces sus principales porristas. Incluso, a veces, son quienes señalan a sus hijas el defecto o el rasgo que podrían modificar, y las incitan a que realicen los cambios.

Constante obsesión

Gabriela Gómez, psicoterapeuta Gestalt especializada en niños y adolescentes, da cuenta de un cambio en la mentalidad de los jóvenes. “Realmente sí existe una preocupación cada vez mayor por el físico por parte de los niños y jóvenes. Generalmente se da con mayor frecuencia en las niñas pues son quienes reciben más presión por parte del entorno para tener un cuerpo perfecto.

“El problema es que el enfoque no es tener un cuerpo saludable, sino un cuerpo que es imposible de alcanzar”.

Gabriela asegura que los parámetros que establecen la industria de la moda y los medios son un factor para que hayan aumentado algunas prácticas que pueden llegar a ser nocivas y convertirse en un grave problema a la larga.

El Dr. Manuel Mondragón Domínguez, cirujano certificado por el Consejo de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva, asegura que la presión social influye en las jóvenes, generándoles una gran preocupación por el físico. Por ello, es muy común que recurran a la cirugía estética. Sin embargo, sólo son algunas operaciones que pueden ser realizadas a jóvenes, como la de nariz a partir de los 16 años, las de aumento de busto, reducción de busto y liposucción a partir de los 18 años.

Puede haber excepciones, pero cada caso debe ser analizado de manera individual. El resto de las cirugías estéticas no deben ser realizadas a personas jóvenes. Añade que no es su trabajo hacer un juicio sobre los motivos de sus pacientes, pero sí es el deber de un doctor hablar con claridad y transparencia y no hacer promesas que no se puedan cumplir para evitar generar falsas expectativas.

Aquí el video con la entrevista:

El cuento de nunca acabar

Andrea tiene hoy 43 años. Es muy delgada, tiene un cutis perfectamente cuidado y atiende los detalles de su aspecto físico al máximo. Viste ropa y calzado deportivos, y su desayuno se basa en fruta y un jugo verde. Trabaja en el área de ventas de una marca de joyería de lujo.

A sus 15 años, Andrea tenía algo que la hacía sentirse infeliz y acomplejada. No encontraba ropa apropiada que le quedara. Todo lo tenía que comprar dos tallas más grandes y mandarlo ajustar, pues tenía mucho busto y sentía que su cuerpo era desproporcionado. Esto la comenzó a afligir desde los 13 años y continuó empeorando conforme se fue desarrollando.

Su padre, quien era ginecólogo, la llevó a consulta con un amigo suyo que era cirujano plástico. En la primera exploración, realizada cuando Andrea tenía tan sólo 14 años, el doctor consideró que era prudente llevar a cabo la cirugía de reducción de busto. La paciente pidió la talla más pequeña, 34 A. Nunca imaginó entonces, que su problema se convertiría en un constante entrar y salir al quirófano.

La primera cirugía fue realizada con éxito y Andrea quedó conforme con los resultados, pero al paso de seis años, perdió 12 kilos de peso. Este factor modificó nuevamente el área de su cuerpo por haberlo reducido tan drásticamente.

Fue con otro cirujano que le colocó implantes mamarios. En un inicio quedó conforme, pero nueve años después, notó que las prótesis se movían hacia los lados y que había un enorme espacio entre ellos. Buscó un nuevo cirujano.

El siguiente médico en intervenirla diagnosticó que el problema era que el cirujano anterior no había fijado las prótesis, y a sus 30 años Andrea se operó el busto por tercera vez.

En el 2012 tuvo que cambiar los implantes pues tienen una fecha de caducidad de 10 años. En esta ocasión notó una especie de surco en el seno derecho debido a que en alguna de sus cirugía previas habían retirado un exceso de glándula mamaria. Andrea optó por no realizarse otro procedimiento para corregir el defecto.

Los nuevos implantes que le colocaron ya no necesitan ser cambiados; son completamente permanentes. Tras un año y medio de su última intervención, Andrea dice sentirse completamente satisfecha y no juzga necesario volverse a intervenir.

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Cuestión de autoestima

La psicóloga Gabriela Gómez asegura que muchas jóvenes y mujeres están intentando llenar por fuera lo que no tienen por dentro. En muchos casos se trata de un problema de autoestima y creen que la solución es externa. Es por ello que hay tantas mujeres, que desde una corta edad no están conformes con su cuerpo; no importa cuántas cirugías, dietas o cambios hagan para el exterior, el problema real permanece.

Pero no todo cambio es malo, existen muchos casos en los que la cirugía estética beneficia enormemente al paciente a nivel mental, emocional y físico. Gabriela asegura que es necesario valorar a los pacientes de manera integral, especialmente cuando se trata de jovencitas o de menores de edad y que habría que tomar en cuenta muchos factores para decidir realizar un cambio permanente y valorar si realmente va a ser algo benéfico.

La cirugía estética no es un juego de niños, por lo que hay estar muy atentos de que quien realice estos servicios, sea un profesional y haya una valoración para determinar la pertinencia de una cirugía permanente en jóvenes menores de edad.

*Los nombres de las pacientes han sido cambiados por cuestiones de privacidad.

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