Vendedores de caricias

Para muchos es considerada una profesión inmoral, para ellos una forma de vida, y para México es una realidad.

Por: Paloma Escandón/ Edición: Tamara Moreno

La prostitución se conoce como una de las profesiones más antiguas del mundo, ya que se encuentran datos de ella prácticamente desde que existen registros históricos, además de practicarse en casi todas las sociedades. Se conoce a la prostitución como si fuera únicamente femenina, ya que la masculina es un tema poco hablado dentro del país debido a que es considerada la temática social más compleja, pero es tan antigua como la femenina.

Los países que presentan más prostitución por parte de hombres son: España, Marruecos, Argentina, Chile, Brasil y países del Este.

En la ciudad de México, ésta ha sido popular por más de 13 años en zonas como Paseo de la Reforma, la Zona Rosa y Hamburgo. Sin embargo, la calle parece ser cada vez menos su lugar, reemplazada por portales de contactos vía Internet.Prost1

Debido a las páginas de encuentro por Internet como manhunt.com o mileroticos.com, se ha registrado un aumento de esta actividad.

Conseguir a un sexoservidor es algo muy sencillo. Cientos y cientos de hombres desde los 18 años “oficialmente” se anuncian en estas páginas para ofrecer sus servicios, ya sea por necesidad, placer, soledad o rebeldía.

Otra razón por la que algunos jóvenes ofrecen sus servicios es por simple diversión, como dice Daniel, un estudiante de preparatoria de 19 años, quien entró al negocio porque “YOLO”.

Al entrar en estos portales se puede observar cómo los sexoservidores se anuncian con fotos de ellos, los servicios que ofrecen y los precios de los mismos.

Los servicios consisten en besos, cachondeo, faje, sexo oral, penetración o masajes eróticos y los precios van desde los 400 hasta los 800 pesos por hora.

Cada quien es su propio jefe y muchos fueron invitados por sus amigos, pues aseguran que el negocio significa dinero fácil y rápido.

En uno de esos portales se anuncia Joaquín, un estudiante de Ciencias Políticas de 19 años, quien lleva 8 meses de su vida rentando su cuerpo con la finalidad deprost3 ganar dinero extra y apoyar a su madre con los gastos de la casa.

Para mí, este empleo significa dinero rápido. Yo siempre he dicho, si le he dado las nalgas a una persona por enamorado o a cambio de nada, ¿por qué no dárselas a alguien si me va a dar dinero a cambio? Es así de fácil”, señaló.

Él también considera a la prostitución como una herramienta para hacerse más fuerte. Su mayor aspiración es tener poder y ejercer dentro del ámbito de la política. Sin embargo, asegura que para llegar a ser una persona poderosa uno debe de ponerse ciertos retos, los cuales le ayuden a volverse menos débil y así nada podrá detenerlo en un futuro.

“Me vuelvo el juguete de otros hombres por un momento, lo cual no me afecta. Les haces creer que ellos tienen el poder, pero eso no es verdad, es sólo cuestión de saber separar la mente del cuerpo por unos instantes”, añadió.

Al referirse a los hombres que ejercen esta profesión, debido a que el tema ha sido un tabú en gran parte del mundo, especialmente en América, muchos de los términos han sido tomados de otros idiomas, como “gigoló” del italiano y “taxiboy”, “escorts”, “call-boys” y “rentboys” del inglés. En México se refiere a ellos como escorts, gigoló, puto o prostituto.

La prostitución masculina de carácter homosexual es un fenómeno social muy antiguo, pero la heterosexual es un fenómeno relativamente más nuevo.

La clientela es variada pero generalmente son varones, pues el mercado femenino es mucho más reducido. Son pocas las mujeres que buscan estos servicios debido a que es mas común que éstas relacionen el sexo con las emociones, además de que son pocas las mujeres que están dispuestas a pagar a cambio de sexo.

Jaime, de 25 años, sólo vende su cuerpo a hombres y aunque asegura que hay mujeres que le han ofrecido una buena cantidad de dinero, él se ha negado debido a que sus preferencias son totalmente homosexuales.

Estos jóvenes se convierten consecutivamente en objetos de consumo de otros hombres que presumen ser heterosexuales.

Los prostitutos coinciden en que la mayoría de sus clientes son homosexuales aunque en numerosas ocasiones “de closet”, ya que varios están casados y viven bajo la heteronormatividad, la cual se refiere a un régimen social, político y económico que presenta la heterosexualidad como necesaria para el funcionamiento de la sociedad y como el único modelo válido de relación afectivo-sexual y de parentesco.

Los consumidores, a diferencia de los sexoservidores, en su mayoría gozan de un nivel educativo y económico alto. Generalmente los clientes son ejecutivos con gran poder adquisitivo y poseen autos lujosos.

Joaquín, a su corta edad, es demandado por una gran clientela masculina, quienes generalmente rebasan los 40 años de edad y sólo buscan cariño y comprensión.

“Ellos me buscan debido a la falta de cariño en sus casas y porque viven bajo las normas heterosexuales que no los dejan amar ni ser libres como quieren, por lo que se conforman con sentir cariño por una o dos horas”, comentó.

El mayor grupo de hombres que ejerce esta actividad son homosexuales, siguiéndole bisexuales, después transexuales y por último, heterosexuales.

La mayoría de quienes la ejercen en México son menores de 30 años, provienen de estratos socioeconómicos bajos, son estudiantes de día y se venden por la noche. No obstante, han encontrado en esa actividad un medio de sobrevivencia ante la falta de oportunidades de desarrollo.

Jaime, como estudiante de Derecho, se ha topado con muchas dificultades para conseguir un empleo bien pagado, ya que afirma que los abogados que aún no poseen cédula no tienen suficientes oportunidades, hecho que lo llevó a convertirse en un vendedor de caricias.

Joaquín-19 años

Joaquín-19 años

Todos tienen algo en común: ninguno se dice muy contento y viven la prostitución como algo temporal para lograr sus aspiraciones, como pagarse los estudios, comprar un par de zapatos, pagar la renta o financiar sus fiestas y andadas por la ciudad.

Son pocos los jóvenes que entran al negocio por placer o por gusto, generalmente entran debido a episodios en sus vidas que los han orillado a recaudar recursos de donde sea.

Tal es el caso de Santiago, uno de cientos de prostitutos que se anuncian en la web mileroticos.com <macho complaciente activo al que le gusta mucho el sexo con abundantes dosis de morbo> Detrás de esa leyenda se esconde un joven biólogo recién graduado de la universidad, quien tras una gran pérdida familiar y una herencia de deudas no encontró otra salida:

“En la familia nos está yendo muy mal, mi papá falleció de cáncer y nos dejó unas deudas un tanto fuertes. También me urge juntar una lana para mis trámites de titulación y no he encontrado trabajo. Entonces ni sé a dónde recurrir, más que a algo que ya he experimentado antes: el sexo con hombres”.

A pesar de que afirman que es una manera fácil de ganar dinero, saben que no es una manera sencilla de vivir, ya que estos jóvenes se juegan la vida cada vez que aceptan algún servicio. Los riesgos que corren dentro de este negocio son muy grandes, pues al estar en la clandestinidad, son vulnerables ante policías o personas que pueden abusar de su condición.

“El negocio es bastante peligroso y no suelo medir riesgos. Con mi primer cliente sólo me aseguré de que fuera mayor de edad y dijo que sería en su casa. Así que en mi habitación dejé una nota con la dirección, tenía demasiado miedo y me ‘malviajé’, dije: por si no aparezco, esta será una pista. Y que lleguen con todo a esa dirección. Al final, resultó todo muy bien, regresé a casa y la nota la deseché”, declaró Santiago.

Ramiro, un estudiante de administración de día y sexoservidor por las noches, no corrió con la misma suerte. Una noche, como cualquier otra después de ver a un cliente, esperaba ansioso en la parada del camión para ir de regreso a casa. Todo parecía muy tranquilo hasta que una patrulla se frenó delante de él y fue obligado a subir a ella. Ahí recibió varios golpes y agresiones por parte de los policías: “eres un puto barato”, recuerda Ramiro. Tras la humillación, el estudiante fue botado en un parque sin dinero y estuvo por más de 20 días en cama debido a los fuertes golpes que recibió. Hoy en día ha vuelto al negocio, pues afirma que son “gajes del oficio” y que cuando uno entra debe conocerlos y aceptarlos.

Otro riesgo que corren a diario es el de contraer VIH, por lo que siempre exigen protección. Los chicos aseguran que no aceptarían tener sexo sin protección, ni aunque los clientes les ofrecieran una gran cantidad de dinero a cambio.

“Siempre está el miedo, el ‘híjole, ¿cómo será?’ ¿No será algún desquiciado loco? Cuando agendas una cita por teléfono te haces la idea de cómo es físicamente por la voz, pero el cómo va a ser en ese momento no lo sabes. ¿No estará enfermo? Siempre está ese miedito”, reveló Jaime.

Estos chicos ven la prostitución como un empleo temporal o un “hobby” que les trae un dinerito más, ya que coinciden en que no es un trabajo real del cual van a vivir toda su vida.

Las fuentes aseguran que la gran diferencia entre la prostitución masculina y la femenina es que tienen una construcción social mucho menos sumisa que la de las prostitutas y se relaciona mucho menos con el fenómeno del proxenetismo y el tráfico de personas. Ellos lo hacen por voluntad propia, y de la misma manera que decidieron entrar, pueden salir cuando quieran.

Por Paloma Escandón, alumna de Laboratorio de Comunicación Periodística de Alicia Guzmán.

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