King Gizzard y la música a través de los cinco sentidos

Por: Luis Palmeros

Reproducir música es un ritual que involucra a mucho más que sólo el oído. Es una experiencia en la que entran en juego todos los sentidos, especialmente si se vive a través de un formato físico.

Led Zeppelin II, por ejemplo, sabe a cerveza, mientras que un vinilo de Miles Davis es mucho más abrumante para los sentidos. Por eso su jazz se complementa mejor con el olor a madera y un licor más denso y demandante.

También hay sensaciones universales, como el olor a cartón viejo que despiden los vinilos fabricados antes del grunge de los noventas, o los sintetizadores de la mitad de los ochentas. Al igual que el resbaloso envoltorio que protege a muchos discos de vinilo, al entrar en contacto con las manos se siente nervio, sobretodo para manos acostumbradas a clicks, no a agujas.

Simplemente hay mucho que se pierde en la era digital, por eso el involucrarse con un formato físico y un ritual clásico no sólo activa los cinco sentidos, sino que los estimula y amplifica.

King-Gizzard-and-The-Lizard-Wizzard

Foto: Paul Hudson

King Gizzard and the Lizard Wizard es una banda australiana de rock psicodélico. Sus discos no lucen una producción nítida pero lo compensan con el frenetismo y melodía de sus arreglos instrumentales. Su última producción es I’m In Your Mind Fuzz, del año pasado, un álbum cohesivo aunque poco coherente que resulta en una experiencia adictiva y sencilla.

En vinilo, el álbum se siente pesado y duro. Es de 180 gramos, no huele a viejo y brilla, pero al sacarlo de su empaque despide un olor muy específico y familiar para cualquiera que compre vinilos regularmente. Al poner la aguja en el disco y tomar asiento, el sabor que mejor complementa la experiencia es uno infantil, como un refresco de fruta sintética. Algo que refleje lo poco calculado y serio que parece I’m In Your Mind Fuzz en primera instancia.

Lo común es observar el empaque y arte del álbum mientras suena el primer arreglo de batería del disco, un arreglo repetitivo reminiscente del krautrock. Los colores que conforman el arte del disco son llamativos y un poco ridículos: un verde chillón, de esos que parece que brillan en la oscuridad, de esos que tanto llaman la atención en una juguetería.

Al mismo tiempo, los oídos se sienten como llenos de agua, con arreglos poco concretos y ruidosos. A pesar de ser sencillos, son resbaladizos y no completamente sólidos.

El nuevo álbum de King Gizzard es una experiencia infantil y familiar, produce una sensación de descubrimiento y asombro muy fácil de relacionar con la juventud, y eso es algo muy difícil de sentir en un formato de música digital.

 

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