Paraíso hipster en Pino Suárez

Foto por  Armando Carmona

Foto por Armando Carmona

Armando Carmona – @holybear90 –  instagram: holybear1st

Comunicación 8°semestre 

“¡Lleve la gorra, el pantalón…escójale señito, todo a diez!” decía, a través de un micrófono, un hombre parado sobre una montaña de ropa.

Hace unos días, mientras limpiaba mi closet, encontré una camisa Calvin Klein que había sido de mi padre: tejida con pequeñísimos cuadros marrones y negros y cuello mao. Me la puse y me rayé. Desde entonces, surgió mi inquietud por buscar lugares donde vendieran ropa vintage.

Foto  por  Armando Carmona

Foto por Armando Carmona

El mercado de ropa vintage –también conocida como “ropa de segunda mano”-es muy reducido en la ciudad. Sólo algunos lugares se especializan en vender estas prendas. Al indagar, me topé con Vintage Room, Mejor…Imposible, El mercado de La Lagunilla, Vintage Hoe y el tianguis de Pino Suárez.

Días después hallé Goodbye folk, en la Roma. Fui al lugar; pero su oferta era muy reducida (suéteres de punto y camisas de franela a cuadros), y sus precios eran elevados para ser prendas de segunda mano.

Entonces, un amigo me contó que, de vez en cuando, iba a Pino Suárez porque, según él, podías encontrar “tesoros” a precios muy económicos. Me la vendió tan bien que decidí ir a ese lugar y él me acompañó.

Menos de medio día y el calor ya quemaba. El aire olía a comida caliente: tacos y garnachas. Bajando el puente peatonal, que une la plaza “formal” de Pino Suárez con el tianguis de la cerrada Fray Servando, se escucha una cumbia sonidera que ambientaba el momento.

Los diableros, personas que acarrean la mercancía, circulaban de un lado a otro. Parecían haber sido esculpidos por las palabras de Carlos Monsiváis en su descripción del chacal.

El tráfico peatonal también se atribuía a los transeúntes que caminaban, de puesto en puesto, buscando el “ofertónonon” que las cartulinas fosforescentes prometían.

“Aquí, pásele, búsquele!”, repetían una y otra vez los vendedores a los marchantes.

Lo que una vez fueron banquetas ahora eran “stands” con montones de ropa. De una u otra forma, las lonas remendadas –de distintos colores- nos protegían de los rayos del sol; sin embargo, no nos salvamos del bochornoso clima.

La ropa más barata era la que estaba amontonada; comenzaba en 10 pesos y subía hasta los 30. La ropa de 40 para arriba: era la que el vendedor ya te había hecho el “paro” de seleccionar y colgar en ganchos para tu comodidad.

Apenas bajando esas escaleras caminamos a la ropa colgada. Observé cómo Pepe checaba la ropa y, en seguida, aprendí cómo hacerlo. Comencé a pasar los ganchos de un lado a otro como si de Tinder se tratara. Si algo me gustaba lo descolgaba y lo miraba detenidamente. Sentía la tela, la olfateaba y revisaba que no tuviera manchas porque, como dijo mi amigo: “Si la mancha no salió aquí, ya no va a salir”.

Encontré un suéter de punto en diferentes tonalidades de azul -justo como los que vi en Goodbye Folk-. Me encantó.

Foto por Armando Carmona

Foto por Armando Carmona

“Agárralo”, dijo Pepe, “porque esto es como el Black Friday, si lo ves es tuyo”.

Sin pensarlo mucho, de un momento a otro, ya había hecho mi primera compra del día, ahorrándome 910 pesos.

Seguimos recorriendo los puestos. Nos deteníamos en cada uno para revisar las ofertas. La gente se atravesaba con prisa.

“Te conocí en un bazar un sábado al medio día”  se escuchaba la pista del grupo Flans.

Pepe y yo nos miramos: soltamos una carcajada al mismo tiempo. “Y resulta que encuentro al amor de mi vida en un tianguis, ¿no?”, le dije.

Continuamos andando. Tuvimos que bajarnos de la banqueta porque arriba ya no había paso, lo que provocó que Pepe se tropezara con un perro que bostezaba. Me reí.

Llegamos a una especie de mercado –como los mercados de comida- pero con locales de ropa usada. Tubos repletos de abrigos, pantalones y, en el piso, montones de zapatos. Era la locura, en el buen sentido.

Ahí fue donde encontré una gabardina gris, larga y “enterita”. Me la probé, a Pepe le gustó como se me veía y me alentó a llevármela. La verdad es que sí estaba padrísima.

“¿En cuánto ésta?”, le pregunté al vendedor. Y él, señalándome la cartulina con el precio, replicó: “Cien”.

“¡Ah!”, respondí avergonzado. Saqué el dinero de mi cartera y, un poco ofendido por haber hecho evidente mi error, le entregué un billete de 100 pesos al joven.

Mi cabeza no dejaba de darle vueltas a la idea de que podría ser peligroso comprar ropa de este tipo porque antes de ir ahí había leído una nota sobre el supuesto riesgo que implica comprarla.

En total compré tres piezas. La tercera fue una camisa  Ralph Lauren, perfecta para el verano. No estaba convencido de comprarla ya que me quedaba muy grande.

“Con un ajuste del sastre queda”, dijo Pepe, “te va a costar como unos 50 pesos. Al final”. Opté por darle el sí a Ralph: me la llevé por 30 pesos.

Pasaban de las 3 de la tarde y comenzábamos a frustrarnos de tantas cosas tan padres que había pero que no necesitábamos.

“Vámonos, luego regreso”, le dije a mi amigo. Él asintió.

Subimos el puente peatonal para dirigirnos al metro y atrás se quedó el mar de gente y pacas.

Foto por: Armando Carmona "Combinar un par de jeans estilo pitillo con piezas vintage está muy en tendencia. Compleméntalo con sneakers blancos y cinturón al color de la camisa.

Foto por: Armando Carmona
“Combinar un par de jeans estilo pitillo con piezas vintage está muy en tendencia. Compleméntalo con sneakers blancos y cinturón al color de la camisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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9 pensamientos en “Paraíso hipster en Pino Suárez

  1. Voy a ir a comprarle ropa a mi hija y a sus amigas Hipster creo que podré hacerlas muy felices!! Y mi bolsillo será más que feliz!! “Para ese regalito, del chavo de la chava Hipster, llévelo, llévelo bara, baraaa” Gracias por el dato, lastima que me queda algo lejos pero es una opción para pasar el rato

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  2. Gracias por el dato, esta genial que existan estos lugares donde puedes encontrar piezas de diseñador a un costo mas accesible, y que hoy esta in combinar las piezas vintage con prendas que están en bendecía, por que te dan un look único. y que no falta que llamen mas la atención y que te pregunten donde lo compraste y lurear contestando que es Vintage.

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  3. Muy divertido tu relato. Yo empece a ir a los mercaditos de mi localidad hace algunos meses, sin tener necesidad de ir a los más grandes y lejanos. Y me encontrado cosas muy lindas, además soy muy delgada y abunda la ropa en talla pequeña. Para mi no es problema pasarme horas buscando hasta el punto de sentirme desmayar por el calor, también es adictiva esa adrenalina de estar buscando un tesoro, o una no muy grata que es que en algún momento un malandro me vaya asaltar (cosa que no ha pasado, ya que me visto muy discreta para ir, bien ñora jaja). Saludos 😛

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