Son jarocho: versos de protesta de Bosque David Iglesias

Por: Maxim Zaragoza–@shukulele

Comunicación 7º semestre

Llego al parque al cuarto para las cuatro. Tengo quince minutos para encontrar al jaranero que no tiene una foto suya en WhatsApp. En mi cabeza tiene barba y una jarana colgando en la espalda (para lo que se ofrezca); el pelo largo. Reviso las pilas del micrófono por tercera vez, y la ruta a las mesas de piedra del parque Tlacoquemécatl, por segunda. Cinco para las cuatro y ya le sonreí cortésmente a tres barbones que no son él. Dan las cuatro y un hombre -¡con barba!- cruza Adolfo Prieto y se dirige hacia mí.


¿Bosque?

Bosque David Iglesias Guzmán tiene el pelo corto y negro; trae una camisa blanca de cuadros, jeans y un collar con una cuerda negra. Su rostro es amable y su cuerpo largo. No hay jaranas a la vista.

¿Ya comiste?

El changarrito de comida corrida está a diez pasos y las aguas a quince pesos; me pido una de papaya y él el menú con las flautas.

“¿De qué va la entrevista?”, dice entre el caldo, el arroz y una sonrisa.

Del son jarocho y por qué es música que acompaña marchas.

“Justo ayer un argentino que vive en Brazil que se llama… ahorita me acuerdo cómo se llama, pero hablaba de los memes musicales. Y creo hay una figura muy explorable. Estas frases altamente replicables, fácilmente asimilables y adoptables por la  misma música que la lleva”. (Sus manos siempre en el aire, salvo para acabarse las flautas).

¿Entonces conoces a Pavel?, le pregunto mientras seguimos la ruta planeada a las mesas de piedra. Por suerte encontramos una vacía. El día está soleado y los árboles llenos de hojas y pájaros. Tenemos un laudero en común.

“Biólogo de día y músico, poeta y loco de noche”, dice ya al micrófono de solapa. Pa la música soy jaranero y marimbolero”.

Bosque es parte del grupo de son jarocho CitadinoSon y ha acompañando varias protestas, marchas y manifestaciones con sus versos: con Sicilia desde Cuernavaca, con el Más de 131, y con más versadores y jaraneros de otros rumbos.

“Cuando caminamos de Cuernavaca para el D.F. con Javier, me tocó organizar un fandango cada noche de esa caminata. […] El segundo fue en Topilejo, y ése fue mágico.

“Eran pocas las jaranas pero había más gente; llegaron unos chavos de Ciudad Juárez y se armó un bailongo. […] La hermandad que se había tejido en las carpas nos sacó hermanadísimos. […] Fue un momento fundacional muy bello ahí en Topilejo.

“¡Llegaron amigos jaraneros! Estábamos tocando y estaba lloviendo, nos callamos entre un son y otro y escuchamos una leona retumbar a lo lejos y salimos a buscarlos. Fuimos por ellos, los abrazamos y los trajimos a la carpa. Una cosa bellísima. Y ya a la una de la mañana, dijeron ya, déjenos dormir, mañana hay que seguir caminando”.

¿Por qué el son jarocho?

“Hay una triada muy importante entre baile, música y versada, son como los tres elementos”–las manos ahora con más enjundia–“en una marcha el tiempo lo tienes, el paso lo tienes y la versada encuentra en la protesta un espacio para entretejerse. Un son le puede prestar versos a otro, y una canción le puede prestar versos a un son y un contingente de manifestantes le puede prestar su consigna a un son”.

Se corta el video tres veces –cada quince minutos– y así contamos el tiempo. A la cuarta canta:

 Lloren lloren plañideras
que diabólica es la cosa.
Que diabólica es la cosa,
lloren lloren plañideras.
Echan los narcos y tiran
estudiantes a la fosa.
Lloren lloren plañideras
que no se aguanta la cosa.
Lloren y lloren poblanas,
corazón de escarabajo,
que me quieren dar la muerte
por ser de izquierda y de abajo.
Y si acaso me la dieren,
continúen con el trabajo.

La fiesta del son es una fiesta de puertas abiertas. Convida a quién sea, a quien quiera. Quien se quiera subir a bailar o a tocar es siempre bienvenido. Convoca a que lleves algo. Llegas al fandango y dices: “oye, traje esto”. Esta lógica se puede recrear también en la protesta y en la manifestación…”

Ya pasan de las cinco y voy tarde para la de las seis. A diferencia de Bosque, este jaranero sí tiene foto en WhatsApp, pero no mueve las manos con las mismas ganas.  De pronto estas forman un paquete invisible y lo pone sobre la mesa de piedra.

 

“Oye, traigo este dolor; oye, traigo esta indignación; oye, traigo esta esperanza y la vengo a poner”.

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