¿La bicicleta es más que un medio de transporte?

Por: Aida Elías Calles
Comunicación 8º semestre

Checo se mueve en bicicleta. Siempre. O casi siempre (no puedo mentir). Lleva ya más de cuatro años montado en ella. Vive en la capital, el DF, “chilangolandia”, la tercera ciudad más grande del mundo y la recorre sobre dos ruedas. Pero, dice él, “en la ciudad de México, no te echas distancias mayores de los 20 kilómetros de ida y 20 kilómetros de regreso. Y eso es nada“.

Estuvo todo un año con una bicicleta y dos mochilas de herramientas, arreglando las bicis de sus amigos. Después ayudó a fundar, o “aterrizar”, cómo él dice, Enchúlame la Bici, un taller-cooperativa en donde se ve a la bicicleta no solo como un modo de transporte, si no como algo que ayuda a replantearse el modo de vida.

“En el taller la consideramos como una herramienta de transformación social”. Checo, en particular, ve a la bicicleta como un elemento de identificación “para todos los que están buscando otra manera de hacer las cosas” y una forma de estar más presente en las calles de su ciudad, sin las barreras del coche, en contacto con la gente.

A raíz de que tengo la bici, veo la ciudad más bella, dice.

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Ilustración: Aida Elías Calles


Lo mismo diría Iván Illich. Que con la bicicleta la vida es más sabrosa. Lo diría, me imagino, pedaleando en su Cuernavaca de los setentas. Este pensador austriaco, que insipiró a muchos movimientos anti-sistema y adoptó a México como su país, decía que la bicicleta es el medio de transporte ideal.

Con la bicicleta no se va ni muy lento, ni muy rápido. No contamina, es económica, ayuda a la salud y permite a las personas difrutar del camino por el que se trasladan.

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Ilustración: Aida Elías Calles

La bicicleta contra el tráfico de la ciudad

Cuando yo no tenía la bicicleta, mi nivel de estrés era muy alto, -dice Checo-  el tráfico ocupaba demasiado espacio en mi mente.  Me estresaba mucho por las horas perdidas, por la agresividad de la ciudad… Imagínate, mantener ese nivel de estrés durante años es… muy fuerte, muy dañino a tu salud, ¿no?”.

El tráfico, ese ente maligno presente en la mente de todos los capitalinos, es descrito por Jean Robert, discípulo de Illich como “síndrome de la pérdida adquirida de movilidad.

Esto es, cuando nuestra obsesión por la velocidad, nuestro querer llegar a todas partes, nos somete a tiempos cada vez más largos de inmovilidad, de congestión vial. Y es que, dicen Illich y sus discípulos, la velocidad de los coches es solo una ilusión.

Es cierto que un coche puede alcanzar velocidades de hasta 200 km/h. Sin embargo, tomando en cuenta la velocidad permitida para circular en la ciudad (unos 80km/h) más el tiempo en que los coches permanecen atorados en el tráfico.

La velocidad promedio en la Ciudad de México es de 15 km/h. Es decir, 15 kilómetros por hora es más lento que una bicicleta. La paradoja es que mientras en las grandes ciudades con coches, la gente dedica una cuarta parte de su tiempo a la transportación, en lugares en donde predomina el uso de la bicicleta, el desplazarse de un lugar a otro solo consume alreddor de 5% del tiempo de las personas.

Yo ya no pienso en el tráfico”, concluye Checo. “Tienes que ir a un lugar, agarras la bici y listo… Pasas a todo el mundo que está atorado en le tráfico. Incluso se molestan porque los pasas.

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Ilustración: Aida Elías Calles

Estar en la bicicleta para estar en el mundo

Lo que produce la industria del transporte, explica Illich, son seres subordinados a las normas, horarios y ritmos de los coches. Se crea un pensamiento generalizado en donde la única forma de transporte posible es el coche. A la vez, el diseño de las ciudades cada vez se piensa más en función de la movilidad de los coches.

Los tiempos y las distancias se piensan basados en la velocidad automovilística. Es como estar permanentemente encerrados dentro de ese caparazón de metal con cuatro ruedas.

Checo describe el coche como “una burbuja” que nos mantiene aislados, ignorantes de lo que ocurre en el entorno. Estando dentro del coche no estamos atentos a lo que sucede fuera de él, ni al clima, ni al ruido, ni a las personas. La bicicleta es la alternativa a ese encierro.

Estás en otra… en otra dimensión dentro de una dimensión. Cuando tú rompes esa barrera, esa burbuja que te aísla de todo, entras en contacto con lo real, eso es la bicicleta. Es como ir desnudo. Y te topas con otros seres que también están desnudos. Son la gente que camina, o la gente que anda en bicicleta, la gente de a pie. Ahí ya no hay esa barrera que el vidrio y el coche te da. […] Coqueteas con la gente.  Coqueteas con quien quieras.

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