Comercio justo: la diferencia entre la ropa “fast food” y ropa artesanal

Por: Ana Maria Belaunzarán – @belaunzarana
Comunicación, 8° semestre

La ropa ropa bordada con motivos prehispánicos o de inspiración indígena lleva varios años siendo tendencia en moda. Las grandes marcas internacionales han tomado este proceso artesanal para producir en serie. Mucho más caras. Con explotación de mano de obra. Borrando la esencia de la artesanía como proceso único y original.

Grandes cadenas de textiles alrededor del mundo llevan años beneficiándose de esta corriente para vender en serie.

La ropa es el pilar fundamental para la creación de nuestra imagen, que es clave en la dinámica comunicativa que envuelve a la sociedad occidental de este siglo, abrumada de monitores y pantallas.

Ya no nos definimos desde nuestra interioridad, cargada de historia, de rasgos distintivos, personalidad, carácter y característica específicas y singulares, únicas, sino desde lo que hay afuera: de una percepción exterior. Pareciera que en la ropa y en el ciclo de la moda podemos encontrar algunas caracterísiticas de la sociedad en la que vivimos.

Un ejemplo muy claro: antes los jeans se vendían enteros. No tenían roturas, parches ni estaban descosidos. Poco a poco, con el paso del tiempo y con el número de usadas, los pantalones hechos de mezclilla se comenzaban a desgastar, caídas, accidentes o el uso constante los iban marcando, hasta acabar rotos o desgarrados.

Cada marca contaba una anécdota de vida y representaba algo por sí sola. El proceso se ha sintetizado: hoy los pantalones se venden rotos porque son “tendencia”.

Hoy la ropa bordada con motivos prehispánicos o de inspiración indígena también es tendencia. Múltiples marcas de todo el mundo imprimen o bordan sus telas con una evidente influencia artesanal.

Comprar ropa producida en serie es como comer en un fast food. En el caso de la comida, el cocinero queda completamente desligado del granjero o agricultor que cosecha la materia prima; lo único que hace es freír, recalentar o guardar en cajitas felices la comida.

Lo mismo pasa con la ropa: las fábricas manufactureras alrededor del mundo producen miles de artículos todos los días, cada obrero sólo realiza una pequeña parte del proceso (cocer botones, hacer el dobladillo) y se ha desvinculado por completo del resultado final: una camisa, un pantalón, un zapato.

Pero por otro lado, existen organizaciones con una propuesta diferente:

Fábrica Social es un proyecto “que impulsa el desarrollo de las capacidades de mujeres artesanas textiles, a través de una escuela rural de diseño itinerante que imparte talleres en diseño, organización, administración y Comercio Justo a mujeres indígenas en México”.

Sus productos son variados, originales, coloridos y reflejan la esencia auténtica de la cultura mexicana. (Misma que se pierde cuando es producida en masa y en fábricas extranjeras).

Por otro lado, Flor de Mayo es otro proyecto que sigue la misma línea, donde “cada artesana recibe un ingreso justo y constante por su trabajo, contribuyendo a satisfacer las necesidades de vivienda, salud, educación y nutrición de su familia.”

Y, de la misma forma, logran conjuntar moda con comercio justo.

Foto de portada: Fábrica Social

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