Majora’s Mask: el clímax artístico de la generación del pixel

Por: Luis Palmeros – @Lpalms
Comunicación, 8° semestre

Tienes 72 horas para detener lo inevitable. La luna cae del cielo, una luna con una expresión psicótica y casi diabólica. Estás atrapado en la lúgubre y apocalíptica tierra de Termina, una realidad paralela en la que los habitantes de distintas regiones están destinados a revivir los últimos tres días de su existencia; una y otra vez, sin conciencia alguna de su miseria o poder para cambiar su terrible destino.

“You’ve met with a terrible fate, haven’t you?”

The Legend of Zelda: Majora’s Mask es una obra maestra que trasciende a los videojuegos. No sólo es considerado uno de los mejores en la historia, también se puede analizar como un triunfo inamovible para el arte en general, uno que fusiona géneros y características mientras desvanece restricciones.

Una opinión muy popular es que el cine es la máxima expresión del arte, porque reúne a géneros como la narrativa, música y expresión visual en una experiencia envolvente y concreta.

Pero lo que muchos ignoran de este razonable argumento, es que en el cine no eres mas que un espectador, un individuo que no puede afectar o influir en la obra directamente.

Una película es un producto envolvente, pero de lo que carece es del factor más importante en cualquier tipo de experiencia: el poder de decisión. Pocas cosas involucran y afectan al ser humano más que la noción directa de causa y efecto.

Es por eso que se puede argumentar que los videojuegos son la máxima expresión del arte, y en ese caso, Majora’s Mask es un clímax de pixel.

Este texto trata de aterrizar tres características del juego que lo convierten en más que una simple actividad de ocio, tres géneros artísticos que comparte con el cine. Factores que se ven reflejados en la experiencia del usuario y hacen de Majora’s Mask una obra maestra contemporánea, una que merece el mismo respeto que le tiene la gente al cine de Akira Kurosawa y Stanley Kubrick.

Foto: Nina Helmer

Foto: Nina Helmer CC

Arte Narrativa

La leyenda de Majora’s Mask es  una especie de secuela espiritual de The Legend of Zelda: Ocarina of Time, para muchos, el mejor juego de aventura en la historia, pero lo que separa a este clásico de su menos conocido sucesor, es que éste último se aleja de lo épico para hacer énfasis en el ambiente. Un ambiente denso y sombrío que causa un impacto emocional en el jugador en lugar de apantallarlo.

La historia se resume de la siguiente manera: Link (el personaje que controlas) se pierde en un laberíntico bosque y se encuentra con Skull Kid, una frenética y perturbadora caricatura con forma de niño y apariencia espectral que noquea a Link y le roba su ocarina (un instrumento legendario con el que el héroe controla el paso del tiempo).

Como Link, persigues a este conflictivo personaje hasta que lo encuentras y te roba tu esencia humana. Link se convierte en un Deku, una especie de arbusto enano con vida; débil y poco imponente.

Con cierta dificultad llegas a un pueblo que está en vísperas de un festival, pero las celebraciones se ven eclipsadas por la inminente caída de la luna (obra de Skull Kid). Es así que empieza una historia en la que tienes 72 horas para evitar el colapso de la luna y el fin del mundo.

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Los pilares de esta historia son las ideas del paso del tiempo y pérdida de individualidad; Link debe manipular el paso de las horas una y otra vez para explorar y rescatar a las cuatro regiones que rodean al pueblo humano y conforman la devastada tierra de Termina. Para lograrlo, nuestro héroe debe encontrar una serie de máscaras que lo convierten en distintas razas y especies con habilidades específicas.

Prevalece la noción de que todo está perdido y una simple forma humana no es suficiente para detener el fin. Esto es algo que se refleja en los personajes que encuentras a lo largo de la experiencia de juego, personajes vivos o muertos pero que siempre son algo distinto a lo que aparentan ser.

Como historia, Majora’s Mask es un drama derrotista en el que casi todos ya se han dado por vencidos, es así que cuando consigues un triunfo se siente auténticamente como tal. La narrativa del juego es rica en detalle y ramificaciones que provocan una sensación de desesperación y hambre por cambiar el destino, se siente como una misión imposible y por lo tanto urgente.

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Foto: Nintendo/Oficial

 

Arte Musical

La banda sonora del juego es producto del genio de Kōji Kondō, músico y compositor japonés responsable de muchos de los productos de Nintendo. La música de Majora’s Mask suena familiar, ya que mucha viene de títulos pasados de la saga de The Legend of Zelda. Aunque es familiar, los arreglos orquestales no dejan de ser bellos y sorprendentes. No es por nada que hay una orquesta que se dedica a dar conciertos alrededor del mundo basados en esta serie de videojuegos.

Aquí entra en acción una importante mezcla de nostalgia que aclimata al jugador a la experiencia del juego, pero hay mucho más que anhelo y pasado en las composiciones. Lo que impresiona es la perfección con la que se acoplan a la tierra de Termina.

Por ejemplo, cada región y espacio tiene su sonido particular, algo habitual para The Legend of Zelda. Pero una cosa especial de los arreglos musicales en Majora’s Mask, es cómo reflejan el paso del tiempo y la perdición.

Cada uno de los tres días que vives en Termina son musicalizados de manera distinta, y el tempo se vuelve más veloz conforme pasan las horas, es así que la música provoca la sensación de que el tiempo se extingue y la urgencia crece. La velocidad y vibra de la música aumenta la sensación de desesperación en el jugador, pues cada día se vuelve más crítico y caótico.

Los arreglos son espectaculares, pero aparte de la banda sonora del maestro japonés, Majora’s Mask le da mucha importancia a la música como una forma de arte y expresión dentro del juego.

Cada una de las formas que tomas con las máscaras principales te otorga un instrumento distinto, esto se vuelve un factor fundamental para resolver acertijos dentro del juego: el concierto de los Zoras, el jam fantasma en el bar de leche, la liberación de almas en pena, las bailarinas del pueblo, etc. Esto sin contar las características canciones mágicas de The Legend of Zelda, como el tema de la tormenta, el del tiempo, etc.

Todo esto se aterriza en el profundo respeto que le tienen los realizadores del juego a la música como un medio artístico y de resolución humana. Mientras muchos juegos se enfocan en gráficas y explosiones, The Legend of Zelda y Majora’s Mask le rinden homenaje a un factor fundamental menospreciado en muchos videojuegos actuales.

Foto: Creative Commons

Foto: Creative Commons

Arte Visual

Majora’s Mask se ve como se siente. Las gráficas pueden parecer humildes para nuevas generaciones, pero hay que recordar que es un juego que se realizó antes de la llegada del nuevo milenio, y aun así, la tecnología en modelado 3D que se utilizó tanto en este juego como en Ocarina of Time para la Nintendo 3DS, fue revolucionaria para la industria de los videojuegos.

Ahora que Nintendo ha remasterizado y adaptado Majora’s Mask para su consola portátil de 3D, el juego se mantiene atemporal y ha soportado el paso de 15 años con mucha gracia.

Cuando se habla de un juego que se ve como se siente, se habla de un diseño visual que está realizado en función de la historia y la experiencia.

Cuando Link llega a una de las regiones atormentadas, los colores y las tonalidades son oscuras y sombrías, pero cuando son rescatadas por el héroe, la región recupera color y comienza a brillar, lo que se añade a la noción de resolución y triunfo.

Aunque definitivamente lo más bello de estas resoluciones visuales son las ganas que dan de volver a explorar estas tierras, cambian de tal manera que se refrescan y se sienten como un nuevo territorio a pesar de todo el tiempo que inviertes en su versión aparentemente monocromática.

“Whenever there is a meeting, a parting is sure to follow. But that parting needs not last forever. Whether a parting be forever or merely for a short while… that is up to you.”

Foto: Oficial

Ilustración: Nintendo/Oficial

Quince años después, Nintendo ha sacado una versión remasterizada en 3D de uno de los juegos más emblemáticos en su catálogo, controversial por lo distinto que es al resto, aclamado por lo mucho que sobresale. The Legend of Zelda: Majora’s Mask 3D es un clímax artístico que se ha renovado para alcanzar a una nueva generación, una obra maestra que prueba que las mejores piezas de arte trascienden a su contexto y aparente categoría.

Majora’s Mask, como la premisa de The Legend of Zelda, va más allá del tiempo: es una melodía perfecta que merece compartirse de generación en generación para así convertirse en eterna.

Foto de portada: Nina Helmer CC

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