No mientas, a ti también te gusta la cumbia

Melina Vázquez – @melinavzb

Comunicación 7° semestre 

De las bocinas emergen las percusiones inconfundibles de “Qué Bello” de la Sonora Dinamita. De inmediato, parejas se levantan por todos lados. El piso retumba suavemente al compás de la música, como el bufido de un monstruo bailarín. Los pies se mueven hábiles en pasitos que marcan el ritmo mientras la cintura se menea sensual. Discreta.

La melodía indica la señal para dar vueltas que asombran a los observadores. Los rostros revelan diversión y coquetería. Es la pura gozadera. Y todavía preguntas si te quiero, cumbia.

Colombia fue el lugar que vio nacer a la cumbia a través de la unión de ritmos indígenas y de raíces negras. Con el tiempo, diferentes países latinos la adoptaron y añadieron su propio sabor. México, por ejemplo, la aderezó con géneros nativos como el norteño, la banda o el huapango.

Esta incorporación de la cumbia a la esencia mexicana empezó aproximadamente entre 1940 y 1950 cuando se abrió camino en el reinado musical del mambo, el danzón, los boleros y otros géneros que predominaban gracias al cine mexicano de la Época de Oro.

Al principio, surgieron leyendas como Carmen Rivero y Mike Laure quien más adelante sería pionero en la cumbia “rockera” que daría origen a lo que ahora llamamos tecnocumbia. A Laure lo reconozco por “La Cosecha de Mujeres” –que nunca se acaba–, “La Banda Borracha” y “El Año Viejo” que siguen sin fallar cada 31 de diciembre.

Recuerdo que cuando era chica, en el radio de mis abuelos siempre sintonizado en El Fonógrafo, sonaban canciones como la “Boa” o “El Orangután” de La Sonora Santanera, melodías sabrosas y querendonas que aún tenían mucho de mambo, danzón y chachachá.

Algo curioso es que la cumbia y el rock en México se desarrollaron casi a la par. Por su lado, en los inicios del rock sonaba, por ejemplo, música de Johnny Laboriel, Los Rebeldes del Rock y Los Camisas Negras.

Uno de los aportes característicos en la cumbia mexicana son los instrumentos metálicos de viento como las trompetas, los trombones y los saxofones.

Ya en los 80, La Sonora Dinamita, originaria de Colombia y liderada por Margarita la Diosa de la Cumbia, lanzó clásicos como “Capullo y Soruyo” y “Escándalo” que ahora no pueden faltar en cualquier boda respetable. El ritmo de Margarita se fue alejando un poco del danzón para construir uno propio.

Por otro lado, está Selena Quintanilla, la reina del tex-mex, quien puede decirse ya es de mis tiempos. Yo tenía apenas un año y medio, máximo dos,  y  ya  bailaba e incluso coreaba sus canciones.

Selena  incursionó en territorio estadounidense y ganó miles de seguidores que quedaron devastados al enterarse de su prematura y trágica muerte en 1995.

selena

Algo importante de la cumbia es que se toca en grupo, y normalmente ese grupo es numeroso. La cumbia se toca en familia, como bien ejemplifican Los Ángeles Azules quienes recientemente rompieron récords con su disco, Cómo Te Voy a Olvidar (Sony Music, 2014) al ocupar el primer lugar en todas las listas mexicanas, tanto en copias físicas como digitales, al vender más de 300 mil discos físicos.

Este álbum contó con la participación de artistas más jóvenes como Ximena Sariñana y Leonardo de Lozanne,  el mismísimo Celso Piña y Lila Downs, entre otras estratégicas –y atinadas– colaboraciones.

Además del estilo tradicional, la cumbia también se ha retomado en propuestas como la llamada “anarcocumbia” con figuras como Amandititita, al igual que en proyectos electrónicos como Toy Selectah y Bomba Estéreo, quienes también participaron en Cómo Te Voy a Olvidar.

Sin embargo, desde que me acuerdo, la cumbia ha sido considerada o representada como música de barrio. Es decir “ew”.  Pero ¿de verdad es la cumbia algo detestable? ¿O uno sólo levanta las cejas al escuchar esas canciones por pura costumbre?

Después de esta recapitulación de la cumbia, queda claro que se trata de un género rico en influencias de distintos orígenes culturales. No obstante, en diversos medios de comunicación, principalmente en la televisión, la cumbia se ha caricaturizado.

Las primeras notas de “Cómo Te Voy A Olvidar” se utilizan para indicar que se trata de un lugar de bajos recursos, o poca educación, lo cual no necesariamente retrata la realidad pues lo mismo en las calles de Iztapalapa que en las de la  parte “fresa” de  Santa Fe se escucha y se baila cumbia. Lo he visto con mis propios ojos. Quizá se trata de que unos la ponen a todo volumen y otros solamente bajo el cobijo de sus audífonos.

No faltará quien afirme con la mano en el corazón: “Yo nunca le hice el fuchi a la cumbia”. Y claro, no todos fingen. Los gustos de cada quien merecen todo el respeto del mundo.Así que no seamos cumbieros de clóset. Si no te gusta la cumbia, bien, pero, por favor, si te gusta y hasta tienes una playlist oculta en tu Spotify titulada “Cuuuumbia”, no mientas por convivir.

No hay nada de malo en reconocer que quizá lo increíble en el sonido de las maracas, las congas y las trompetas de la cumbia es que remite al hogar. Por lo pronto yo sólo sé que por las mañanas puedo escuchar “Talento de TV” de Willie Colon y pasarla genial.

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