Opinión: La mujer sexualmente empoderada

Andrea Molina Ballester – @AndyMolina21

Comunicación 8° semestre

Este domingo se celebró el Día Internacional de la Mujer, y para conmemorar esta fecha llena de imágenes cursis en Facebook se me ocurrió hablar de un tema extrañamente popular estos últimos días: el empoderamiento sexual.

Según María Zat, terapeuta Gestalt certificada por el International Institute of Sexological Bodywork (IISB), una persona empoderada sexualmente acepta abiertamente y sin penas ni culpas las necesidades y preferencias sexuales que tiene. Es alguien que fácilmente desarrolla relaciones íntimas fuertes y expresa sus emociones de forma clara.

Como podemos ver, muchas de estas características no tienen nada que ver con que seas una persona “sexosa” o no. Puedes ser virgen y aún así ser una persona empoderada sexualmente, aunque creo que sería un poco difícil abstenerse si eres alguien que acepta el hecho de que tiene necesidades sexuales.

Tiene que ver también con la forma en la que te vistes, en la que hablas, la música que escuchas, la gente con la que te juntas, las expresiones que usas y el lenguaje corporal.

Una mujer empoderada sexualmente se puede reconocer fácilmente. Si, por ejemplo, la escuchas hablando en la fuente de la Ibero frente a todos sus amigos de cómo conoció a un metalero de Coapa llamado Manfell (que por las noches se hace llamar ManHell) y después de hablar cinco minutos con él decide irse a su casa a las 3 de la mañana y tener una noche de sexo rudo y apasionado escuchando metal para nunca volverlo a ver.

Vemos aquí a una persona a la que no le avergüenza tener ese tipo de aventuras, que en la mayoría podría ser visto como “libertinaje” en vez de apertura sexual.

El problema de ser una mujer sexualmente empoderada es que puede llegar a ser  malinterpretada o confundida con ser una mujer “fácil” o “dejada”. Cuando una mujer muestra iniciativa decide ignorar las normas sociales y ser la que busca primero al hombre, por ejemplo, o la que carga con los condones.

Los hombres pueden llegar a escandalizarse y tomárselo como un acto agresivo o incluso llegar a pensar que es una “depravada sexual”, como dice un compañero de 4° semestre de la carrera de Diseño Industrial de la Ibero.

En casos muy drásticos, pero reales, un hombre muy conservador puede incluso llegar a malinterpretar el simple hecho de que una mujer lleve un escote a la escuela.

Un compañero de  7° semestre  de Administración de Empresas opina: “a veces este tipo de mujeres llegan a intimidar porque estás acostumbrado a ser el que tiene la iniciativa en este tipo de temas. Nosotros estamos acostumbrados a ser los cazadores, no la presa”.

Creo que el empoderamiento sexual está completamente ligado al autoestima.  Es necesario tener una buena relación con tu cuerpo, estar satisfecho con lo que ves en el espejo y no tener miedo de mostrarlo.

Históricamente, el hombre ha sido aquel que lleva la batuta en el tema de sexualidad. Pero tenemos que aceptar que poco a poco esto está cambiando, que el empoderamiento de la mujer en otros aspectos trae consigo un empoderamiento sexual femenino cada vez más fuerte.

Como mujeres debemos darnos cuenta que si no aceptamos nuestra propia sexualidad y nos quedamos atadas a lo que la sociedad opina sobre una mujer empoderada, seguirán existiendo prejuicios hacia aquellas con dichas características.

Entonces queda la pregunta: ¿qué podemos hacer para promover que, al igual que el hombre,  la mujer también pueda expresar su sexualidad con apertura, sin tener miedo al rechazo social?

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