24 horas en Guadalajara: tortas ahogadas, tequila y un concierto de Mastodon

Por: Luis Palmeros – @Lpalms
Comunicación, 8° semestre

En un impulso de fanatismo, decidí viajar a Guadalajara para ver a una de mis bandas favoritas. Aunque la idea del concierto me emocionaba mucho por sí misma, lo que me convenció fue el plan de viajar sin mochila, provisiones o un arreglo para dormir.

El reto de sobrevivir 24 horas despierto y aprovecharlas al máximo para conocer una ciudad nueva fue una inyección de adrenalina que devuelve a la vida a cualquiera. Esta es una crónica de la experiencia. Ojalá que sirva como un Guadalajara For Dummies o algo más.

9 AM: Tortas Toño

Cuando tienes tan poco tiempo para conocer algo, los clichés son una apuesta segura. La primera parada en Guadalajara fue en Tortas Toño, una franquicia de tortas ahogadas que nació en 1990 con un puestito de metal, ahora cuentan con 7 sucursales y una reputación que los ha convertido en tradición.

Fui al Tortas Toño de la colonia Providencia, el original. La franquicia está considerada por muchos jaliscienses como uno de los mejores lugares para probar la torta ahogada, lo que separa a Tortas Toño de otros es la personalización de la mítica torta. Básicamente tú la construyes, tienes una variedad de salsas y rellenos que te permite volver realidad tu sueño más pervertido, el mío: una torta ahogada de lengua y chicharrón con salsa dulce, cebolla, frijoles y dos cervezas.

Después de atascarme con semejante manjar, pensé que ya había tomado mi primera mala decisión al haberle hecho eso a mi estómago tan temprano.

12 PM: Centro Histórico

El centro histórico de Guadalajara es bonito, está bien para pasar toda una mañana explorando lugares como el Teatro Degollado, Hospicio Cabaña y La Catedral. Algo tranquilo y “cultural” que ayuda a justificar los consumos en exceso y las malas decisiones en el transcurso de un viaje.

1:30 PM: Tapatío Tours

En la rotonda de los jaliscienses ilustres (un monumento que rinde homenaje a la memoria de los más destacados de Jalisco), a un costado de la catedral de Guadalajara, se encuentra el puestito de Tapatío Tours, otro cliché básico.

Se ofrecen cuatro recorridos en turibus, uno por cada municipio principal de Guadalajara, aunque según uno de los sabios choferes de Uber, esta distinción sólo existe para los turistas, así se aprovechan los locales de ellos.

Debido a muchas obras en transcurso (Guadalajara crece y se urbaniza rápidamente), la ruta de Zapopan no estaba disponible, y por cuestiones prácticas, escogí la de Guadalajara y la de Tlaquepaque (la más popular).

La ruta de Guadalajara es muy básica, recorres la ciudad y ves más tráfico, gasolineras y Oxxos que lugares históricos, pero está bien para tomar el sol. En esta ruta habían sólo dos personas más en el camión, un par de gringos que se veían muy confundidos y decepcionados.

La siguiente ruta fue todo lo contrario, el turibus de Tlaquepaque (que sirve como un taxi masivo para llegar al tradicional municipio) se llenó de extranjeros, locales y estudiantes del país. Fuera de una parada en el museo militar, lo que le importaba a todos los pasajeros era llegar al lejano y atractivo “pueblito”.

Tapatío Tours

Foto: Luis Palmeros

4 PM: Tlaquepaque

Tlaquepaque es justo lo que espera el turista de metrópolis de un pueblito mexicano, mariachis por todas partes, pequeños mercados de artesanía y muuuchos restaurantes típicos. En el centro de Tlaquepaque se encuentra El Parián, un patio rodeado por cantinas y restaurantes, al centro, una cúpula en dónde se presenta música típica para todos los presentes.

El Parián es una opción obvia para pasar la tarde, se come y se toma bien; aparte, es un espacio abierto y bonito. Lo más pedido en los restaurantes y cantinas que lo conforman son la birria de chivo y las cazuelas. La carne de chivo en su jugo se acompaña con tortillas recién hechas y un poco de cebolla picada, es un platillo exquisito y perfecto para la peda.

Su contraparte, la cazuela, es una mezcla de jugo de mandarina, limón y naranja que se mezcla con tequila. Sobra decir que son muy engañosas, después de dos me sentí súper borracho y confundido, pensaba que lo único que contenía la cazuela de alcohol era el shot de tequila que yo le echaba a mi ritmo y gusto, pero luego otro de los choferes de Uber me dijo que la mezcla inicial ya lleva una porción considerable de vodka (les digo que la gente de Uber es muy sabia).

8 PM: Teatro Estudio Cavaret y Mastodon

El trayecto de Tlaquepaque al Estudio Cavaret fue largo y difícil, después de las cazuelas y etc. mi cabeza estaba dando vueltas sin parar y todo se nubló un poco, sobre esto, mi estómago ya estaba lleno de demasiada tradición tapatía como para soportar tráfico y falta de paradas de baño.

Finalmente, llegamos al lugar del concierto, un venue muy bonito que recuerda al Lunario del Auditorio Nacional y que cuenta con un vestíbulo al aire libre muy cómodo para echar una cerveza previa o comprar LA playera. El Estudio Cavaret tiene una capacidad de aprox. 3,000 personas, estuvo lejos de llenarse pero el ambiente fue ideal.

Teatro Cavaret 1

Foto: Luis Palmeros

Mastodon tomó el escenario alrededor de las 9:30 de la noche para ofrecer un concierto que pasó de accidentado a sublime. La banda de Atlanta se mostró muy emocionada por la respuesta del público, quienes dieron todo y dejaron (literalmente) sangre y sudor en el piso.

Si bien en momentos Brent Hinds (guitarrista y vocalista) se mostró muy frustrado por la fallas de audio, no dejó de sonreír y saludar a todos los que tenía enfrente, esto nos contagió a todos a lo largo del concierto. En la segunda mitad del show mejoró el sonido y resultó mucho más evidente el por qué Mastodon es una de las bandas de metal comercial más aclamadas y queridas de la última década.

Por una hora y media la banda sofocó al Estudio Cabaret con riffs llenos de distorsión, solos melódicos, coros inmensos y una ejecución progresiva espectacular. Al terminar el concierto, nadie quedó decepcionado, valió la pena tanto para los locales como para los que viajamos para verlos.

Mastodon 1

Foto: Luis Palmeros

12 AM: Infierno en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara

¿Qué hay en un aeropuerto a esas horas de la noche? Un Starbucks poco abastecido, chingos de ruido por todos los trabajadores que aprovechan la falta de gente para hacer remodelaciones, muchas pobres almas que intentan dormir y un denso ambiente de desesperación y miseria.

Después un limbo de 6 horas, en el que ni estás dormido ni estás despierto, un avión me regresó a la vida en la Ciudad de México, fría, nublada y mía.

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