¡Larga vida! Crónica de un puente con Vive Latino

Por: Melina Vázquez – @melinavzb
Comunicación, 7° semestre

Medio dormida escucho el susurro de la lluvia que no para afuera. Son menos de las diez y el calorcito en el que estoy guardada hace que me den ganas de no levantarme en todo el día. Es domingo, es puente. Pero momento, hoy es Vive Latino.

Unos pantalones, una playera, una sudadera y por supuesto unas poderosas botas de lluvia y ya estoy lista. Nunca olvidaré la lección que el último Corona Capital nos enseñó: más vale pies cansados que pies cansados, fríos, mojados y enlodados.

Sin prisa, mis acompañantes y yo bajamos en la estación Ciudad Deportiva aproximadamente a las 4 de la tarde. A la salida del metro, una señora entona con el tonito característico: “Le sobra-le falta-le sobra-le falta”. No me sobra y tampoco me falta, así que nos sumergirme en el río de gente que se apresura a entrar por la puerta 5 del Foro Sol ávida de ver y escuchar en vivo a sus ídolos.

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Foto: Melina Vázquez

 

Bajo el cielo nublado, nos damos tiempo para chacharear en los puestos ambulantes que se encuentran afuera de las puertas. ¡Oh la paradoja! Piratería que se vende en las narices de los policías de seguridad. Siempre me he preguntado por qué es así, sin ánimos de acusar a nadie pero, ¿no se supondría que deberían arrestarlos o algo por el estilo?

En los puestos hay para escoger entre playera de Vive Latino 2015, Robert Plant, Caifanes, Molotov, Garbage, The Specials, Brandon Flowers o Die Antwoord, entre otros. Los precios son 100 o 120 pesos. También hay tazas, estampas, sudaderas, gorras… lo de siempre. Al final no compré nada.

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Foto: Melina Vázquez

 

Procedemos entonces a cruzar las puertas llenas de gente y muchos policías donde rondaba el desagradable olor de sus caballos. Registran nuestros boletos. Una señorita me revisa la ropa y palpa mis bolsillos.

Caminamos hasta finalmente llegar al letrero que anuncia el destino: Vive Latino. Al entrar reconozco entre la gente a los seguidores de Galatzia por sus llamativas pelucas rosas fosforescente, como éstas:

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Foto: Melina Vázquez

 

Nos dirigimos directo al escenario Indio para mirar a Compass, el nuevo proyecto en conjunto de Toy Selectah e Instituto Mexicano del Sonido. Nos ubicamos medio lejos, pero alcanzamos a ver bien. Frente a nosotros un hombre y una niña, que parece ser su hija, visten playeras con el logo de Die Antwoord que por delante tiene la leyenda “Jump motherfucker jump”. ¿Que dónde las compraron? Él las hizo.

Compass suena bien, ambos saben lo que hacen. Sin conocer realmente las canciones, el público se deja llevar por el ritmo y suelta pasos de baile improvisados. A la distancia veo a unas personas que desarman el truco con el que lograron contrabandear alcohol en unas bolsitas de plástico y lo reparten entre los amigos.

Después de un rato, nos desplazamos y tomamos un atajo apretujado para llegar al escenario Tecate Titanium y ver a Garbage, banda liderada por Shirley Manson. En el camino me ofrecen este papel:

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Foto: Melina Vázquez

 

Nos acomodamos. El sonido no es particularmente bueno, sin embargo la vocalista pelirroja logra mantener unas vocales fantásticas aunque de pronto pareciera que no está cantando.

A mí alrededor, abunda la gente treintañera que se sabe todas las letras y que se emociona, pero que a la vez está atenta a su celular y a la conversación entre sus acompañantes. Yo casi no conozco las canciones, a excepción de “I Think I’m Paranoid” y mi favorita “Why Do You Love Me”.

Atardece.

Antes que termine su presentación, regresamos al escenario Indio para encontrar buen lugar para ver a Die Antwoord, la banda que realmente me interesa ver. Se trata de un trío originario de Sudáfrica, conformado por Yo-Landi, Ninja y DJ Hi-Tek, quienes toman influencias del ghetto y la onda Zef. Su concepto va sobre ser de barrio bajo pero aun ser cool. Están dementes.

Me costó un poco convencer a mi compañía que el lugar que habíamos conseguido estaba bien, que la gente no se pondría violenta. Y por fin las luces del escenario indicaron que el show iba a comenzar.

Primero apareció DJ Hi-Tek con una máscara como de monstruo algo perturbadora, y los primeros beats empezaron a sonar para dar paso a la aparición de Ninja, Yo-Landi y una bailarina.

Sencillos como “Fatty Boom Boom”, “Ugly Boy” y “I Fink U Freaky” lograron que desde el primer momento el público se mantuviera frenético. Quienes no los conocía, quedaban sorprendidos, algunos para bien, otros para mal. Pero sin duda impactados.

A la mitad de los saltos de “I Fink U Freaky” me pregunté si acaso eso era un rave. Luces, la música, el baile, el desenfreno. Creo que sí lo fue.

Yo-Landi es una pequeña ser demoniaca que con su baile sensual y sus chillidos encantó a la gente. Mientras que la furia, fuerza y rimas de Ninja acertaron siempre. El musculoso DJ Hi-Tek, por su lado, hizo temblar cada milímetro de los cuerpos ahí presentes.

Die Antwoord fue una maravillosa descarga de energía. Cuando Ninja escuchó cómo la gente coreaba su nombre, tomó un momento para dedicarnos besos que de alguna forma también eran rudos como él.

El show finalizó con “Enter The Ninja”, canción en la que la hija de Yo-Landi y Ninja subió al escenario para hacer una sencilla coreografía. Esa niñita da ternura y miedo a la vez. Ninja se lanzó al público y así terminó mi presentación favorita del día. Como lo imaginé la gente no fue agresiva sino apasionada, pero unida por un objetivo: darle al baile y permitir que también los demás disfrutaran el show.

Lo siguiente que vi fue la presentación de Molotov, quienes retrasaron considerablemente su aparición, pero todo se compensó cuando tocaron clásicos como “Hit Me”, “Frijolero”, “Marciano” y “Gimme the Power”. Durante esta última, aparecieron visuales sobre Ayotzinapa que me hicieron recordar esa tragedia y cómo hasta ahora, sigue sin haber justicia en el caso.

Aproximadamente a las 7:20 pm nos desplazamos una vez más al Tecate Titanium para escuchar a la banda colombiana Aterciopelados.

A esta hora las muestras de cariño eran muchas, por ahí vi el abrazo fraternal entre dos amigos que seguramente se quieren mucho pero sólo se abrazan así de fuerte con algunos copas de más de por medio. Hacía frío y la punta de mi nariz se mantenía congelada, sin embargo no llovía, si acaso chispeaba.

Llegamos justo a tiempo para “Bolero Falaz”, “Luz Azul” y la épica “Florecita Rockera”, canción con la que cerró su presentación acompañada de mujeres musicales como Ximena Sariñana, Liliana de Bomba Estéreo y Catalina de Monsieur Periné. Andrea Echeverri hace de su set algo muy cálido al comentar y platicar entre canción y canción. Tiene buena vibra.

Y así terminó mi día de Vive Latino 2015. Sin duda la cumbre para mí, fue Die Antwoord.

No sólo por lo quirky, perturbadores y transgresores que pueden resultar, sino porque fue con ellos donde surgió el momento que quienes asistimos a conciertos perseguimos: esa sensación de estar vivos cuando la música llega hasta el alma.

Cuando la rapidez de un beat se siente en la garganta. Donde se baila con ganas y se sacuden así los pesares. Y, aunque suene cursi, las voces de miles se unen en un mismo verso. Larga vida al Vive Latino.

Foto de portada: Javier López CC

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