Opinión: el costo de las campañas electorales en la democracia más ridícula del mundo

Por: Ana María Belaunzarán – @belaunzarana
Comunicación, 8° semestre

En la tele, radio, banners, en las calles y en el cielo. La publicidad política tapizó cualquier escenario de la vida de los mexicanos desde exactamente el 10 de enero de este año, hasta el 18 de febrero que duraron las precampañas.

Pasando por una breve tregua en la que estamos ahora, volveremos a ser bombardeados del 30 de marzo hasta el 4 de junio. Hasta el momento de escribir estos párrafos, son un total de 124 horas, 31 minutos y 23 segundos.

O sea que desde esas fechas hemos visto anuncios con actuaciones patéticas y carteles, volantes y espectaculares que anuncian a candidatos de nombres tan horribles como absurdos. Con jingles y slogans repetidos hasta el cansancio como fondo musical (por cierto, la voz del “Peje” cada vez me resulta más insoportable). Y lo peor… nos cuestan una fortuna.

Según el Instituto Nacional Electoral, para las elecciones intermedias (de diputados y senadores) de este año, el presupuesto total es de 32 mil 24 millones de pesos. Una cifra exorbitante e insultante para una población que, en su mayoría, carece de servicios de salud, educación, seguridad, etc.

  • Con esa cantidad se podría construir casi dos veces la Línea 3 del Tren Ligero de Guadalajara (si la cifra oficial es correcta).
  • O se podrían dar aproximadamente 4 pesos con 50 centavos a cada habitante del Planeta Tierra (sí, eso incluye a todos los mexicanos, chinos e indios del mundo).
  • También se podrían comprar más de cuatro aviones presidenciales para Enrique Peña Nieto, totalmente equipados.

Ese absurdo derroche resume todo lo que está mal con nuestra democracia.

Nuestra democracia es una triste parodia de un modelo mal reproducido.

La dichosa democracia ha resultado ser en México la mina de oro más efectiva para políticos, poderes fácticos y cualquier vivales con palancas que esté dispuesto a entrarle.

Gracias a nuestra intocable democracia, tenemos a alcaldes, jefes municipales, diputados, senadores y una larga lista de personas enriqueciéndose sin el menor remordimiento, mientras sus entidades viven con altos índices de pobreza, inseguridad y analfabetismo.

Gracias a nuestra “perfecta” democracia tenemos a un partido como el Verde Ecologista que no es más que una vil prótesis. “Un partido cuya sola existencia está encaminada a permitir que el PRI persista en el poder”, tomando prestadas las palabras de Denise Dresser.

Partido que, en menos de 15 días, ha batido récord de violaciones a la ley, y que sin embargo, permanecerá con su registro intacto -con mínimas sanciones- gracias a la tibieza del INE. Gracias a nuestra corrupta democracia.

Y es esta misma democracia, la más cara del mundo, que costará 61% más en las elecciones de este año.

Me parece curioso que la gente aún brinque cuando se ataca o se cuestiona a la “democracia”. Muchos de esos brincones ni siquiera saben bien a bien qué significa el término, tan explotado por los políticos que ha pasado a ser una palabra hueca, con oportunidad de ser resignificada según sus intereses partidarios.

Así que, en resumen, estaremos pagando dinerales para que ensucien las calles, nos irriten los tímpanos y nos acosen con toda clase de publicidad. ¿Y quién nos preguntó si queríamos gastar así nuestros impuestos? ¿Qué no era una democracia?

Foto de portada: Ana María Belaunzarán

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