Mi fin de semana en un Laboratorio Zombie

Cayetana Moreno

Comunicación 8° semestre 

En la parte más profunda de Naucalpan, específicamente San Andrés Atoto #50C en la Colonia el Conde, hay un gran edificio de dos pisos  que  está completamente cerrado.

El cartel colgando en la pared con “The Outbreak” escrito puede provocar curiosidad, al igual que las personas que se pueden ver afuera de las instalaciones, vestidas como militares con lentes oscuros y con pistolas colgando del cinturón.

Es la manera más viable para poder realizar tus sueños, si tus sueños siempre fueron ver cuántos zombies matarías durante el apocalipsis.

Gracias a una bodega enorme y las ideas de Diego Nishimura, el sitio es literalmente un videojuego llevado a la realidad. Tú  y otras personas son militares capacitados que vienen a rescatar a los últimos sobrevivientes de un laboratorio infestado de zombies. Solamente tienen 60 minutos para hacerlo.

zombie 3

Mi experiencia en Outbreak el sábado pasado no empezó cuando llegamos al falso laboratorio, sino en casa de uno de mis amigos. Lo que para mí sería un buen rato, repentinamente se transformó en pseudo-conferencia militar, cuando mi  compañero  de  batalla sacó un mapa que había hecho del lugar, paliacates para identificarnos y todo un plan estratégico  que incluía  un “despliegue águila”(y aunque me lo explicaron, todavía no sé muy bien exactamente  qué significa).

Nuestro nombre: Ositos Felices. La misión era simple: rescatar a todas las víctimas que encontráramos, abrir todas las cajas fuertes, encontrar todos los objetos perdidos (disquetes, CDs, filtros, etc) y, sobre todo, que nadie  moriría.

13483_1087208751295436_366322743166656695_n

Además, si cumplíamos  con  todos los  objetivos nos regresarían nuestro dinero ($400 pesos por persona).

Nuestro equipo estaba dividido en dos: la ofensiva y la inteligencia. Ofensiva mataba zombies y cubría espaldas, inteligencia descifraba códigos y  buscaba los objetos perdidos.

Después de hacer nuestro pago, vino por nosotros un hombre vestido de militar y nos llevó a otro cuarto. “¡Contra la pared, señores!” gritó, y todos rápidamente obedecimos.

Caminando de lado a lado, “Lobo” nos explicó las reglas del juego: no se tocan a lo zombies, los zombies mueren con una bala a la cabeza o cinco al cuerpo, y no se quitan los cascos dentro del juego.

Mi equipo de nueve personas estaba liderado por Beto, alias “Capitán” y Víctor, alias “El Bizcocho”. Nos dividimos y nos llevaron al siguiente  cuarto  para  darnos nuestro uniforme.

Foto por  Cayetana Moreno

Foto por Cayetana Moreno

Las paredes que estaban  manchadas de sangre, los focos que  parpadeaban y las lonas de plástico colgando del techo nos  dieron la impresión de estar en un laboratorio abandonado.

Entró alguien cubierto de pies a cabeza con un traje antirradiación (que  debo  admitir me hizo  temblar) y nos empezó a distribuir el equipo: coderas, rodilleras, un chaleco “anti-balas”, y un casco  con lámpara.  Ya me sentía yo la protagonista de Call of Duty: México.

Ya que yo  era Sargenta Médica, me dieron una cangurera con cuatro vidas extras para distribuir a mi equipo. Cada uno de nosotros tenía dos parches en la espalda, y si los zombies nos quitaban ambos, estaríamos “muertos” y fuera del juego.

Todos mis años pegada  a  una  consola  me habían preparado para este momento. Todos esos momentos de descifrar acertijos, matar enemigos y perder el sueño jugando hasta la madrugada servirían  para algo. ¡Toma eso, mamá!

Aunque íbamos sin armas y mi corazón latía a mil por hora, yo estaba preparada. Pero cuando entramos al pasillo y salió el primer zombie, pegué un grito de esos que rompen vidrios y salí corriendo al siguiente cuarto.

zombie

Una vez adentro cerraron la puerta y se podía oír a los zombies azotándose contra ella del otro lado. Empezó la búsqueda y al  poco  tiempo  encontramos  algunas  pistas junto con  las armas.

En Outbreak las armas que manejan son airsoft, que  están  hechas para verse como armas reales pero no lastima. Al tener una pseudo-metralladora en mis manos,  ahora  sí  ya le haría honor a mis horas de jugar Halo con mi hermano.

A medida que íbamos avanzando de cuarto en cuarto, pude ver más de cerca a los zombies. Ya no daban tanto miedo tirados en el piso. Aunque  las habitaciones destruidas, los ruidos, la oscuridad, todo ayuda a que creas que realmente estás peleando contra zombies.

Después de despejar el área, descifrar el código en la pared  y apuntarle   a todo lo que se movía, nos movimos a la próxima área donde encontramos a nuestra primera víctima: La Doctora.

Le pregunté si estaba herida y  la  reconforté  diciéndole que no se preocupara porque todo estaría bien, que la sacaríamos de allí. Le agradezco a la actriz que me haya seguido la corriente en vez de decirme “oye niña, es sólo un juego”.

Llegamos al segundo checkpoint. Todos seguíamos vivos, y todo parecía marchar bien… hasta ese momento. Ya  que  está diseñado como un videojuego, todas nuestras acciones desbloqueaban “eventos”. En nuestro caso, desbloqueamos al evento final: El Niño.

zombie 2El Niño es un zombie que, en vez de levantarse cada 30 segundos, se levanta cada 5 segundos y es más difícil de matar. En el momento en que lo vimos, empezaron los gritos.

Entre ruidos de disparos, de zombies y nuestro guia gritando “¡Bizcocho, que cubras a tu equipo!”, eso fue el caos total. Zombies aparecían por todos lados, gruñendo como desquiciados, las balas se acababan y yo ya me daba por muerta.

De algún modo logramos abrir el código de la puerta y salimos corriendo a la última zona. Era una pasillo largo y sin enemigos.  Pero  si algo he aprendido, es que cuando hay mucho silencio, es  momento de preocuparse.

Había una puerta hasta el final del pasillo y llegar allí significaba ganar el juego. Empezamos a caminar hacía ella, todos listos para atacar. Justo  cuando se abrió la puerta, 15 zombies salieron corriendo hacia nosotros. Yo les disparé hasta que se acabó mi cartucho.

netflix

En ese momento me di la vuelta y corrí hacía la salida. La adrenalina en mi cuerpo me hacía  sentir que todo iba en cámara lenta  y  me reproché  por todas esas veces que preferí sentarme a ver Netflix en vez de ir al gimnasio.

Minutos después,  el  resto  de mi  equipo  llegó, cerró la puerta  y los aplausos empezaron hasta que nos dimos cuenta que nos faltaron muchos objetos. Es decir, no nos regresarían nuestro dinero.

Siendo una  pobre estudihambre y gamer ávida, tanto mi  orgullo  como mi cartera salieron heridos.

No podré ir a Outbreak muy seguido, pero si algo aprendí de esta gran experiencia matando zombies es esto: ahora sé que yo sí  sobreviviría el apocalipsis zombie…espero.

 

Anuncios

Déjanos tu comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s