Aún en Silla de Ruedas, el Tiempo de Combate Sigue para este Maestro de las Artes Marciales

Por: Vianney Martínez Galicia   @vianneymg
Comunicación 8º semestre

Entre las largas calles situadas en el corazón de la delegación Cuajimalpa se encuentra en una vía desnivelada. Aquel pequeño zaguán blanco que es casi cubierto por una lona que dice “muay thai”. En el fondo hay un par de luchadores combatiendo arriba de unas colchonetas, mismas que se utilizan en los gimnasios de artes marciales para que el piso plano no los lastime cuando caigan.

A lado una puerta entreabierta permite el acceso a una cochera que ha sido acoplada para utilizarla como gimnasio, principalmente de artes marciales. Este es el sitio en donde trabaja Antonio Chávez, quien enseña “muay thai” desde su silla de ruedas.

El lugar es bastante pequeño. Al entrar, de lado derecho hay un par de llantas apiladas y cuerdas que cuelgan del techo. Más adelante hay una repisa de piedra y sobre ésta una grabadora, trofeos y pesas, más que nada material para entrenar. De lado izquierdo, al final de la habitación, cuelga un par de costales de arena.

Un grupo de niños, atentos a lo que les decía su profesor no dejaban de imitar los movimientos que éste con gran entusiasmo les enseñaba. Sin un control total de su equilibrio, los pequeños lanzaban patadas y gritaban al mismo tiempo.

Justo a lado de los costales, una puerta divide el gimnasio con la casa del instructor. Sobre esta entrada una rampa permite el acceso a la vivienda.

Mientras un hombre joven tenía toda la atención de los niños, un señor bajó la rampa teniendo al control del volante únicamente con la mano izquierda, de una silla de ruedas eléctrica, parecida a una moto. Rodeó el cuarto y llegó hasta mí.

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Foto: Vianney Martínez

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Antonio Chávez tiene 42 años de edad y desde los 13 ha practicado el boxeo, considerándolo, en aquel entonces, solo como un hobbie. De sus peleas amateur solo le quedan reconocimientos, fotos de sus enfrentamientos y aquellos recuerdos que me cuenta con tanta nostalgia.

Dentro de una caja tiene parte de sus reconocimientos, fotos y medallas. Mientras las saca, relata la historia de cada victoria, de cada caída y cada golpe que algunas de sus fotos han plasmado. Las pone sobre una mesa, las contempla por un instante y se queda en silencio.

Antonio no terminó la escuela, se casó joven y al principio dejó el box. Para salir adelante económicamente se dedicó a las construcción por más de 20 años, y aunque practicaba cada vez menos, el box solo era una distracción, aunque seguía ejerciéndolo y seguía siendo parte de él.

Además del box, Antonio comenzó a practicar karate do a los 23 años de edad, su inspiración, sus hijos pues ellos necesitaban una distracción. Decidió guiarlos por la pasión que le tenía a las artes marciales, a los golpes y al contacto físico.

Aunque en karate do llegó a ser cinta negra, en los enfrentamientos lo expulsaban por tener un contacto total con su contrincante, no se controlaba, los golpes eran bastante fuertes.

El contacto total se da entre dos combatientes en el cual, quién haga knockout a su contrincante gana la pelea, es decir quién deje incapacitado a su oponente para levantarse dentro del cuadrilátero, gana.

muay thai

giphy.com

Al ser multado constantemente en los enfrentamientos de karate do por hacer knockout, Toño decidió intentar con otra disciplina que le permitiera dar todo de sí sin ser limitado. En el kickboxing encontró esta libertad a la hora de enfrentarse con alguien. En esta disciplina no solo peleaba por hobbie, sino ya se había ganado el título de peleador profesional.

Yo fui peleador profesional, pero lo dejé. Me presenté como tal en ocho ocasiones, después ya no quise porque eran las dos o tres de la mañana, yo estaba peleando y todo el público estaba borracho, entonces eso parecía una discoteca, un bar, me sentía usado, ya no es un deporte, es solo un espectáculo, por eso dejé las peleas profesionales.

A partir del año 2000, encontró en el muay thai la oportunidad que tanto había buscado: la libertad de pelear pero al mismo tiempo siguiendo un código de ética. Con esta disciplina se sintió pleno al terminar lo que había empezado.

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Desde el origen del muay thai sus practicantes le han dado un significado ético. Entre las más importantes están siempre ser útil para los demás, tener la moral en alto no importa qué, ser perseverante ante todo lo que se pueda presentar en la vida y ser fiel tanto a uno mismo como a los demás.

Antonio lleva 12 años enseñando y practicando muay thai. Cuando comenzó a dar clases estaba bien de salud. Pero hace cuatro años y medio fue cuando los problemas comenzaron a surgir.

“En las últimas peleas profesionales que tuve de muay thai, los problemas con las articulaciones comenzaron. Primero fue mi rodilla derecha, se me inflamaba tanto que en una ocasión me pusieron cinco inyecciones de diclofenaco. Eso si, gané la pelea, no me rendí”.

Durante un entrenamiento, Antonio golpeaba el costal de arena, como usualmente lo hacía y sus rodillas comenzaron a darle cierto malestar. Acudió a varios médicos y casualmente todos le decían que solo era una inflamación, que tenía que descasar y dejar reposar. “Con el paso de los años me di cuenta que estaba perdiendo la fuerza en mis articulaciones. Hace 4 años me detectaron crónico degenerativo artritis gotoza.

De acuerdo con el médico general José Luis Silva, la enfermedad crónico degenerativo artritis gotoza se refiere a que, debido al exceso de consumo de proteínas ingeridos en un momento determinado, el hígado comienza a producir ácido úrico, el cual, el cuerpo no metaboliza bien y hace que con el tiempo las articulaciones, en este caso, se vayan debilitando hasta perder la movilidad.

 

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Ahora, Antonio se mueve gracias a una silla de ruedas eléctrica. Por las mañanas le cuesta mucho trabajo levantarse. “Me duele todo, a veces preferiría no levantarme. Mi esposa es la que ha estado conmigo desde que esta enfermedad se apoderó de mis piernas y mi brazo derecho. Ella me motiva un 50% a levantarme, me viste, me baña; ella me atiende. El otro 50% son mis alumnos”.

Ángeles la esposa de Antonio y su hijo Iván, también practican muay thai. Ambos están al pendiente de Toño y de la enseñanza al grupo de niños y jóvenes que llegan a tomar clases de esta disciplina “Iván, es quien está representando la escuela porque yo ya no puedo caminar”.

Iván, se encarga de enseñar a los niños pequeños o menores de 12 años todas las técnicas, patadas y golpes del muay thai. Mientras Antonio desde la silla de ruedas hace todo lo posible para que sus alumnos entiendan los métodos de defensa que quiere enseñarles.

Antonio está viendo de frente a su grupo de alumnos, son 10 que atentos escuchan y fijan su mirada en el maestro. Toño, como algunos le dicen, siempre viste de pants, sandalias con calcetines y playeras que dicen “muay thai”.

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Foto: Vianney Martínez

Seguro de sí mismo y con toda la confianza, pide que alguno de sus alumnos le ayude a representar un golpe de defensa. “Tómame del cuello”, le dice al alumno, él lo mira y al darse cuenta que lo ha dicho en serio el maestro añade, “¡Sin miedo, tómame del cuello!”. Dudoso, lo toma lo más frágil por el cuello y entonces la explicación puede proceder. Los demás atentos miran fijamente los movimientos.

“Si los agarran por el cuello, ustedes defiéndanse con los hombros primero, después métanles un codazo en el pecho y podrán zafarse de sus manos”. Una vez explicado, los muchachos se dividen en parejas y tratan de representar lo que se les ha dicho. Antonio los observa, modifica cualquier error que haya en los movimientos de sus jóvenes.

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Foto: Vianney Martínez

El estar perdiendo la movilidad en las articulaciones de sus piernas y brazo derecho no le ha impedido tratar de seguir conviviendo con aquella, ahora ya, lejana parte de su vida.

La pelea más dura que he tenido es la que llevo viviendo desde hace 4 años que me ha dejado en silla de ruedas y esa sí es una verdadera pelea que he tenido día con día.

Antonio, mirando los reconocimientos sobrepuestos en la repisa de su gimnasio dice que los golpes, los moretones, el dolor se va. Después de un rato ya no se siente. Pero dice que su enfermedad es algo con lo que tiene que luchar toda su vida.

A lo mejor antes sí era discapacitado porque la vida no era como la veo ahora.

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